El entrenador de Bosnia y Herzegovina, un jugador profesional de póker que no va de farol en el Mundial

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Sergej Barbarez aprendió a anticipar jugadas e interpretar gestos y silencios en un verde con dimensiones mucho más pequeñas que las de un campo de fútbol. El actual entrenador de Bosnia Herzegovina, leyenda como exfutbolista del Hamburgo, colgó las botas y se puso las gafas de sol. Las que tapaban su mirada en las mesas de póker donde demostró que se le daba tan bien ir de farol como marcar goles. Esta guerra táctica y mental con cartas y apuestas de por medio acabó despertando en él otra inquietud: la de cambiar las fichas por futbolistas para sentarse en un banquillo profesional. Una decisión con la que ha conseguido clasificar a su país por segunda vez para un Mundial en cuyo debut sorprendió al arañar un empate ante la coanfitriona Canadá. Sufrieron, pero demostraron que a Italia no le deja cualquiera sin Copa del Mundo. Para entender la historia de Barbarez hay que echar la vista atrás hasta 1971, año en el que nació en Mostar, una ciudad de Bosnia y Herzegovina que hasta 1992 se enclavaba en territorio yugoslavo y cuyo Puente Viejo es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, una obra maestra de la arquitectura otomana del siglo XVI que cruza el río Neretva y que fue reconstruida tras el conflicto bélico. Ahí pasó su infancia, prestando más atención al atletismo y al baloncesto que al fútbol. La pasión por los goles fue tardía, pero talentosa. Jugó en el primer equipo del Velež, en su ciudad natal, una trayectoria interrumpida para servir en el Ejército Popular Yugoslavo en Zagreb. Su vida cambió en una visita a su tío en Alemania en 1991. Un joven Barbarez hizo entonces pruebas para entrar en un clásico del fútbol alemán, el Hannover 96. Impresionó tanto al entrenador que no dudó en ficharlo. Pasó después por el Union Berlin, el Hansa Rostock y el Borussia Dortmund hasta llegar al club donde su carrera explotó definitivamente: el Hamburgo. Era julio del año 2000 y ya por aquel entonces era internacional por Bosnia. En su debut con el equipo del río Elba marcó 22 goles y fue máximo goleador de la Bundesliga en su primera temporada, a la que sumó varios tantos en la Champions League. Allí estuvo hasta 2006, cuando se marchó al Bayer Leverkusen con un contrato de dos temporadas. Después colgó las botas. Ya en 2009 se frenó su primer intento de dirigir a la selección de Bosnia al decantarse la federación por Safet Sušić. Fue entonces cuando Barbarez decidió cambiar las estrategias en los córners por estudiar las caras de sus rivales frente a una mesa de póker. Empezó a jugar torneos por Europa y sus ganancias en premios superaron los 100.000 dólares, según los datos registrados en portales especializados como CardPlayer. Se convirtió en todo un profesional y consiguió posiciones entre los diez primeros en las Series Mundiales de Póker (WSOP). El premio de entrenar al combinado nacional llegó en abril de 2024. Guardó sus cartas y recogió las fichas para conseguir colocar a Bosnia como segunda de su grupo en la fase de clasificación para el Mundial. Su selección sorprendió al eliminar a Gales en la primera ronda de la repesca y noquear después a Italia en una tanda de penaltis de infarto. Ahora, ha demostrado ante Canadá que no va de farol en la gran cita mundialista y que puede volver a dar otra gran sorpresa este jueves ante Suiza.