El auge de la ultraderecha global no solo se explica por elecciones, crisis económicas o líderes carismáticos. También avanza mediante un mecanismo más silencioso: repetir ideas que antes parecían inaceptables hasta que dejan de provocar alarma. La habituación psicológica, la erosión de normas democráticas y la ampliación de la ventana de Overton ayudan a entender por qué ciertos discursos autoritarios empiezan a sonar como parte normal del debate público.