Un zarpazo en el descuento castiga la madurez de Panamá

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Bajo la lluvia espesa del Toronto Stadium, Panamá demostró haber dejado atrás la inocencia de su debut histórico de hace ocho años, gobernando los tiempos y maniatando el caudal ofensivo de Ghana durante gran parte del encuentro. Sin embargo, el fútbol de élite es implacable con las concesiones y premia el oficio. En la última jugada del partido, cuando el empate parecía inamovible, un contragolpe castigó la ilusión del istmo de la forma más cruel imaginable. Con el marcador agonizando, una transición eléctrica de Thomas-Asante por el costado izquierdo terminó en un pase de la muerte que Caleb Yirenkyi empujó a la red en el minuto 94. Lágrimas en las gradas de una entregada e inmensa hinchada panameña; éxtasis en el pragmático banquillo africano de Carlos Queiroz, que celebra su quinta fase final consecutiva con un botín de oro en el bolsillo. El combinado centroamericano saltó al césped norteamericano sin complejos, consciente de que el Grupo L, tras la pirotecnia previa del triunfo de Inglaterra por 4-2 ante Croacia, obligaba a sumar para ilusionarse con una posible clasificación a la siguiente ronda. En apenas dos minutos, los hombres de Thomas Christiansen desnudaron las dudas ghanesas. Una gran internada de Michael Murillo por la derecha terminó en un centro raso que Cecilio Waterman remató de primeras, obligando al guardameta Ati Zigi a intervenir con reflejos felinos. Durante el primer cuarto de hora, Ghana apenas pudo oler el esférico. El centro del campo canalero, comandado por un clarividente Yoel Bárcenas, movió la pelota con un notorio sentido asociativo. Sin embargo, a ese dominio abrumador le faltó colmillo en los metros finales para traducir las buenas sensaciones en ocasiones de gol. A medida que el agua arreciaba, la energía inicial se fue disipando en las piernas panameñas y la experiencia de las Estrellas Negras estabilizó el choque. El plan africano quedó claro: abrocharse atrás, prescindir de un Iñaki Williams relegado al banquillo y fiarlo todo a la velocidad de Semenyo. El extremo del Manchester City fue el único faro de los suyos en una primera mitad plomiza, generando la única opción ghanesa en el descuento con un servicio que Senaya mandó inexplicablemente desviado. La peor noticia para Ghana antes del descanso ocurrió en la portería, ya que Ati Zigi se retiró lesionado tras un fuerte impacto en el primer tiempo, dejando su puesto en la reanudación al guardameta suplente Benjamin Asare. La segunda mitad ofreció un guion de ida y vuelta, una suerte de acordeón donde ambos equipos amagaron con romper el pacto de no agresión pero demostraron un pánico cerval al error grosero. Cumplida la hora de juego, el partido rompió su letargo y se encendió por completo cuando Christian Martínez cazó un balón suelto tras varios rebotes en el área ghanesa, aunque su control se abrió demasiado y su disparo lamió el lateral de la red. La réplica africana, apenas cinco minutos después, fue letal. Yirenkyi sirvió un balón medular para que Jordan Ayew fusilara a placer, pero el central panameño Giovanni Ramos firmó una de las acciones defensivas del torneo al rebañar el esférico desde el suelo cuando ya se cantaba el gol en las gradas. El tramo final entró en la parálisis de los pases fallados y el cansancio acumulado, hasta que llegó la jugada que cambió el destino de ambas naciones. En pleno vuelco ofensivo de Panamá, Ghana recuperó en campo propio y armó una contra supersónica. Thomas-Asante devoró los metros por banda y su asistencia precisa encontró la llegada desde atrás de Yirenkyi, que batió al «Cuti» Mosquera sin oposición. Aún quedaban algunos segundos para la épica desesperada en el último suspiro. Pero no hubo milagro. Ghana rescata una victoria agónica en el descuento y Panamá se queda con el corazón roto, obligada ahora a buscar la gesta ante los gigantes europeos del grupo.