Trastorno y devolución: achicharrados de calor desde la estación para un tren destino Cádiz

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Recuerdan ustedes al humorista Miguel Gila Cuesta (1919-2001), que fue un actor, dibujante de historietas español y humorista. El modo más frecuente de expresar su humor era mediante diálogos figurados —monólogos al teléfono—, cuyo costumbrismo ingenuo tocaba a veces con el surrealismo. Lo que les voy a contar sucedió el día 20 del mes actual. Estamos a 36 °C en la estación, había poco aire acondicionado y muchas personas buscando su acceso al tren, sobre todo, mayores con niños.Las personas de necesidades especiales por movilidad reducida registradas, los trasladaban a una sala de espera, que resulta ser, un rincón restringido de la planta baja. El personal que atendía el área los tenía cubiertos por una cortina de sudor que exhalan sus poros, tanto del rostro, como por la zona de axilas, columna vertebral y pecheras, y así lo delataban sus manchas de fluidos; trabajaban hacinados y sin aire acondicionado, a esa zona no llega.Era vergonzoso pensar que no les hayan prestado atención en un año a los trabajadores respecto de sus lamentables condiciones laborales, lamentable. Y para los pasajeros más lamentable aún, con gran carga de falta de respeto, solo pensar en un espacio tan estrecho e incómodo y peculiar para los pasajeros especiales, que nos dejan aquí y comenzamos un viacrucis a los cinco minutos de entrar al redil, sin tener presente que nos esperan cuanto menos tres horas de viaje.Se anuncia en los paneles electrónicos la asignación de vía para el tren con destino a Cádiz. Van a buscar a los pasajeros e inician el desfile de sillas de ruedas, de acompañantes y de chalecos naranjas en la dirección indicada, vía núm. 13. ¡Oh! Sorpresa no hay tren alguno en la vía, comienza un revuelo de comentarios. Por fin, aparece un tren por vía 12, se acelera el ritmo trepidante en los participantes en la salida, a todo esto, han de tener presente las temperaturas. Hemos pasado a la zona de andenes y cruzado las puertas automáticas, cuya diferencia es de dos grados más, los trenes tienen motores y despiden calor, y más, el que acaba de entrar por la vía indicada. Surge menos alegría y más ansiedad cargada de agresividad y reproches que se reflejan en las caras de los desesperados viajeros.Por fin, anuncian por megafonía el error cometido, estamos en el andén correcto, y así no lo indican desde los vagones de cabecera con la mano que vayamos acercándonos a las puertas de entrada los vagones. Ya ubicados en nuestros asientos y el personal de ayuda con los chalecos naranjas fuera del vagón, vemos cómo van apareciendo surgiendo los pasajeros no mermados físicamente, por la rampa de acceso con dirección a sus respectivos asientos. Ya ubicados, aunque con calor, a medida que pasa el tiempo (20 min) y sintiendo que la temperatura no baja, después de protestar a cuentagotas, les da pudor reclamar sus derechos, cuando han pagado 70 €, por el billete. Nos informan de la avería del aire acondicionado en el vagón.Surge un pasajero espontáneo que acaba de preparar la oposición a Renfe, según nos cuenta, y nos habla la liberación económica que alimenta la alegría como incentivo en defensa de nuestros intereses que "transcurridas 24 horas, podemos reclamar el tema el porcentaje correspondiente junto con el billete en la estación", que nos corresponde el 50 % de la tarifa básica, sin más.Una vez clausurado el vagón cafetería —por alcanzar temperaturas superiores a los 40 grados, se pasa por el pasillo un responsable de a bordo, que se le pregunta por lo formulado por el pasajero y a modo de broma, añade: "como vamos al sur, hace más calor y así, nos vamos adaptando".El artículo termina con la misma frase del humorista Manuel Gila en los años 50 del 1900, estaban los trenes de madera y casi con locomotora. Ahora en el 2026, en un tren Alvia en donde el precio del billete es mucho más alto, donde todo ha cambiado bastante por fuera, en donde podremos utilizar los mismos fingidos diálogos telefónicos del humorista y seguir utilizando la misma muletilla: ¡Que se ponga!, añado y termino con: ¿Qué se le ocurre a usted? A pesar del calor, me voy a por la devolución.