así deberá cambiar la formación de los abogados en Colombia. Imagen de referencia generada con IALa inteligencia artificial ya está transformando la forma en que trabajan los abogados, redactan documentos, investigan jurisprudencia y preparan procesos judiciales. Sin embargo, una serie de decisiones recientes de las altas cortes colombianas dejó al descubierto una pregunta que hasta hace pocos años parecía lejana: ¿están las facultades de Derecho formando profesionales capaces de utilizar estas herramientas sin comprometer la calidad de la justicia?La discusión tomó fuerza tras el Auto AC739-2026 de la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia. En esa decisión, el alto tribunal sancionó con una multa equivalente a 15 salarios mínimos a un abogado que presentó un recurso extraordinario de revisión sustentado en diez sentencias inexistentes generadas mediante inteligencia artificial.Lea también: Incumplir la cuota alimentaria podría salir más caro: nuevo fallo abre nuevas consecuenciasLa Relatoría de la Corte verificó que ninguna de las providencias citadas existía. Más adelante, el profesional reconoció que había utilizado una herramienta de inteligencia artificial generativa sin comprobar la información entregada.No fue un episodio aislado. Meses antes, mediante la Sentencia STC17832-2025, la misma Corte Suprema anuló una decisión judicial sustentada en referencias jurisprudenciales inexistentes. A ello se suman las advertencias realizadas por la Corte Constitucional en la Sentencia T-323 de 2024 sobre los riesgos de las denominadas “alucinaciones” de la inteligencia artificial y sus posibles efectos sobre el debido proceso.Aunque las decisiones judiciales han generado preocupación dentro del sector jurídico, para Erick Rincón Cárdenas, decano de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario, el verdadero debate no gira alrededor de la tecnología, sino sobre la forma en que se están formando los abogados.“¿Realmente los abogados están preparados para enfrentar este uso intensivo de tecnologías emergentes? La respuesta es no”, aseguró en entrevista con Valora Analitik.La afirmación no es menor. Proviene de quien dirige una de las facultades de Derecho más antiguas y reconocidas del país, una institución que ha participado en la formación de buena parte de la dirigencia jurídica colombiana y que acaba de emprender una de las transformaciones curriculares más profundas de los últimos años.El problema no es la IA, sino cómo se forman los abogadosPara Rincón, el error cometido por el abogado sancionado no demuestra que la inteligencia artificial sea incompatible con el ejercicio profesional. Lo que evidencia es una deficiencia en la preparación de quienes la utilizan.“La Corte Suprema no sancionó al abogado por utilizar inteligencia artificial. Lo sancionó porque no verificó los resultados y terminó incorporando más de diez referencias jurisprudenciales inexistentes y argumentos que no tenían sustento en el ordenamiento jurídico colombiano”, explicó.Según el académico, durante décadas gran parte de la educación jurídica se concentró en la enseñanza de contenidos sustantivos, pero dejó en segundo plano competencias relacionadas con tecnología, innovación, diseño de servicios jurídicos y resolución práctica de problemas.“Nos hemos concentrado mucho en contenidos y no nos hemos preocupado suficientemente por introducir cómo utilizar la tecnología en el ejercicio de la profesión, cómo diseñar servicios jurídicos o cómo responder mejor a las necesidades de los ciudadanos”, afirmó.A su juicio, la discusión debe ir más allá de si los abogados utilizan ChatGPT, Gemini u otras herramientas. El desafío consiste en formar profesionales capaces de validar información, interpretar resultados y asumir la responsabilidad de las decisiones que toman.Las decisiones recientes de las cortes también están ayudando a definir cuáles serán las reglas mínimas para el uso responsable de la inteligencia artificial en el mundo jurídico.Rincón identifica dos principios fundamentales. El primero es la verificación: “El profesional del derecho tiene que verificar los resultados de la inteligencia artificial a partir de su análisis crítico y de su conocimiento, determinar que ese resultado es veraz y que corresponde a la realidad”, explicó.El segundo es la transparencia: “No está mal emplear inteligencia artificial, pero sí es necesario reconocer dónde y para qué se utilizó. El abogado debe declarar qué inteligencia artificial utilizó y con qué propósito la empleó dentro de su análisis”, agregó el experto.La tesis coincide con la línea que han comenzado a construir las altas cortes: la inteligencia artificial puede asistir, pero la responsabilidad sigue siendo humana.Uno de los planteamientos más llamativos del decano del Rosario apunta directamente al modelo tradicional de enseñanza jurídica. Durante décadas, miles de estudiantes de Derecho fueron evaluados principalmente por su capacidad de recordar normas, artículos, conceptos y jurisprudencia.Sin embargo, el acceso inmediato a grandes volúmenes de información está modificando el valor de esas habilidades: “Pensar que el derecho consiste únicamente en saber un montón de contenidos o recitarlos de memoria es un error”, sostuvo Rincón.Puede interesarle: La DIAN daría más tiempo para cumplir una importante obligación tributaria en 2026Eso no significa que el conocimiento jurídico haya perdido importancia. Lo que cambia es el tipo de capacidades que el mercado y la sociedad comienzan a exigir.El académico considera que los abogados deben seguir ubicándose dentro de las instituciones jurídicas y comprender profundamente el sistema normativo, pero además desarrollar competencias que históricamente no siempre ocuparon el centro de la formación.Entre ellas menciona el análisis crítico, la investigación jurídica, la interpretación de normas, la resolución de conflictos, la argumentación, la capacidad comunicativa y la aplicación práctica del derecho.Existe además un componente que considera irremplazable: “La empatía sigue siendo fundamental. Hay situaciones donde la inteligencia artificial no va a poder superar el juicio de valor que tiene una persona”, afirmó.Los abogados que pierden terreno con el auge de la IALa transformación también está impactando el mercado laboral. Rincón anticipa que muchas de las actividades jurídicas repetitivas comenzarán a desaparecer o a ser realizadas por sistemas de inteligencia artificial entrenados para tareas específicas.Entre ellas menciona diligenciamiento de formularios, registros, trámites estandarizados y otras actividades operativas que históricamente ocuparon una parte importante del trabajo jurídico.En contraste, ganarán relevancia los profesionales capaces de aportar criterio especializado: “Va a comenzar a ser muy importante el abogado que tenga un nivel de profundización y expertise”, explicó.La consecuencia podría ser una reducción progresiva del peso que tradicionalmente tuvieron los abogados generalistas.El análisis jurídico seguirá existiendo, pero apoyado en herramientas capaces de procesar información más rápido, con mayor cobertura y eficiencia. Lo que seguirá siendo diferencial será la capacidad humana para validar, contextualizar e interpretar esos resultados.¿Cómo debe cambiar la formación de abogados?En medio de esta transformación, la Universidad del Rosario pondrá en marcha desde julio de 2026 un nuevo plan de estudios para su programa de Derecho.La reforma no surge únicamente como respuesta al auge de la inteligencia artificial. Según el decano, forma parte de un proceso continuo de actualización que ha llevado a la institución a modificar cuatro veces su plan de estudios durante las últimas tres décadas.De hecho, recuerda que la facultad fue pionera en incorporar asignaturas relacionadas con comercio electrónico e innovación legal hace más de 25 años.La nueva estructura curricular busca fortalecer tres ejes. El primero es el aprendizaje experiencial mediante casos reales, clínicas jurídicas y escenarios prácticos. El segundo consiste en incorporar de manera transversal la tecnología aplicada al derecho. El tercero apunta a desarrollar trayectorias de especialización desde el pregrado para responder a la creciente demanda de expertos en áreas específicas.Entre las novedades figura una asignatura denominada “Casos y problemas interdisciplinarios”, así como un fortalecimiento de los espacios de práctica jurídica y de atención a situaciones reales.La universidad también incorporará formación obligatoria en tecnología y derecho, al considerar que estas herramientas ya modificaron la forma en que se litiga, negocia y asesora jurídicamente.Más allá de los cambios curriculares, la discusión revela una transformación mucho más profunda sobre el papel del abogado en una economía cada vez más digitalizada.Para Rincón, el profesional del futuro deberá comprender inteligencia artificial, analítica de datos, automatización y fenómenos tecnológicos contemporáneos, sin abandonar las capacidades humanas que históricamente han distinguido a la profesión.También puede leer: Lo que revelan 12 años de Saber 11 sobre la educación en Colombia: avances y retrocesos en tres gobiernosPor eso rechaza tanto el inmovilismo de quienes consideran que nada debe cambiar como el entusiasmo que pretende sustituir la formación jurídica tradicional por simples herramientas tecnológicas.La apuesta, dice, consiste en encontrar un equilibrio entre conocimiento jurídico, experiencia práctica, pensamiento crítico y dominio tecnológico.“El abogado no va a desaparecer. El que va a desaparecer es el abogado que no utilice estas tecnologías emergentes, que no conozca inteligencia artificial, Big Data y el fenómeno tecnológico contemporáneo”, concluye el decano.