Oliver Reed llevaba cuatro décadas en el cine cuando aceptó el papel de Proximo en Gladiator, el viejo gladiador retirado que entrena a Máximo en la arena. A sus 61 años, Reed aportaba al personaje una intensidad que solo la experiencia puede dar. El rodaje avanzaba sin contratiempos en Malta hasta que la noche del 2 de mayo de 1999 todo se torció.Durante un descanso, Reed entró en un pub de La Valeta y aceptó un desafío de varios marineros de la Royal Navy. Aquella noche bebió tres botellas de ron, ocho cervezas y varios whiskys dobles. Sufrió un infarto y se desplomó en el local. Falleció poco después sin haber terminado su trabajo en la película.A Ridley Scott le quedaban por filmar varios momentos clave de Proximo, incluida la muerte del personaje. La aseguradora del rodaje ofreció cubrir el coste de repetir todo el metraje de Reed con otro intérprete, una factura que rondaba los 25 millones de dólares. El director la rechazó.La apuesta digital que salvó la película Oliver Reed con parte del casting durante el rodajeReed no fue el único caso de un actor que falleció en pleno rodaje de una superproducción, pero sí el primero cuya presencia se reconstruyó de forma convincente con tecnología digital. El equipo de efectos contrató un doble de cuerpo y, fotograma a fotograma, superpuso el rostro de Reed sobre las nuevas tomas usando como referencia las escenas ya filmadas.El resultado fueron apenas dos minutos de metraje artificial, suficientes para cerrar el arco de Proximo. Según detalló Screen Rant, el trabajo costó 3,2 millones de dólares. Ridley Scott apostó por la continuidad emocional del personaje, una decisión que años después se convirtió en referencia cuando otros estudios recurrieron a la misma técnica para recuperar a Peter Cushing en Rogue One. Lo que entonces era un experimento hoy es práctica habitual.Un veterano a la altura del papelSu Proximo transmite cansancio y un orgullo herido que define al personaje desde su primera escena. La Academia Británica lo nominó al BAFTA al mejor actor de reparto y el Sindicato de Actores hizo lo mismo con el SAG, ambos a título póstumo. Pocos intérpretes han recibido ese reconocimiento después de morir. Gladiator se estrenó un año después y arrasó en los Oscar con cinco estatuillas, incluida la de mejor película.La mayoría de los espectadores no distinguió las escenas reales de las reconstruidas. La ilusión funcionó, y el trabajo de Oliver Reed quedó intacto en una de las películas más taquilleras del cine épico.