Colegios como "hornos" en Andalucía: la ley que iba a acabar con el calor en las aulas sigue sin cumplirse

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Cuando llega el final del curso escolar, en centros públicos de Andalucía hay menores que sufren desmayos, que les sangra la nariz o que se marean por las altas temperaturas que sufren en las aulas. Son los peores casos, pero se dan en unas clases que son “hornos”, “saunas”, o el calificativo que cada uno le quiera poner.Es un debate recurrente en estas fechas, y no precisamente nuevo, pero que no se termina de atajar. La Junta de Andalucía va dando pasos, en cumplimiento de la Ley de Bioclimatización que tanto costó aprobar (en 2020) a instancias de Adelante Andalucía, pero las Ampas y comunidades educativas son muy críticas sobre su grado de implantación.Según datos de la Consejería de Desarrollo Educativo y Formación Profesional, facilitados a lavozdelsur.es, la Junta ha movilizado más de 230 millones de euros en climatizar centros escolares andaluces. Ya se han ejecutado actuaciones por valor de 146 millones en 532 centros, y en una segunda fase irán otros 35 millones, destinados a 78 centros más.Además, el programa Mejora tu centro contempla medidas para mejorar el confort térmico gracias a una inversión de 53 millones, a razón de un máximo de 60.000 euros por centro. La Junta destaca que todos los nuevos centros educativos públicos construidos desde 2022 incorporan sistemas de bioclimatización.230 millonesLa Junta de Andalucía moviliza una inversión que la comunidad educativa considera insuficienteMientras tanto, la financiación prometida desde Madrid sigue sin materializarse: cuatro años después de ser anunciada por el Gobierno de España una partida de 200 millones de euros a repartir entre las comunidades autónomas, no ha llegado. La actual ministra de Educación, Milagros Tolón, ha vuelto a anunciar recientemente una partida idéntica, también de 200 millones, para la climatización de colegios en todo el país, pero las comunidades son escépticas con este último anuncio. La inversión necesaria para climatizar todos los centros andaluces es de unos 1.500 millones de euros. "Esto es insostenible, esto es muy injusto": una década de luchaDiana Barroso, portavoz de la plataforma Escuelas de Calor, hace balance de casi una década de lucha por la climatización de los colegios andaluces, y el resultado, admite, es agridulce. "La verdad es que hemos avanzado", reconoce, aunque matiza de inmediato que la Ley de Bioclimatización, aprobada en 2020 tras movilizaciones que arrancaron en 2017, "se sigue sin aplicar" en su totalidad.Botellas de agua en un colegio para refrescarse contra el calor.-MANU GARCÍALa normativa, recuerda, no se limita a instalar aires acondicionados, sino "soluciones basadas en la naturaleza" —fachadas y cubiertas vegetales, pérgolas, arboledas…— que permitirían rebajar las temperaturas de forma estructural. "No se está dando ni un solo paso en esta dirección", lamenta Barroso, en conversación con lavozdelsur.es.La portavoz de Escuelas de Calor denuncia que la Junta se ha limitado en algunos centros a instalar sistemas de refrigeración adiabática que, sostiene, "tampoco estamos viendo que sea muy efectivo”, y que además genera un gasto de mantenimiento que los propios centros no pueden asumir sin más financiación autonómica."No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras que nuestros hijos siguen pasando calor", dicen desde Escuelas de CalorPese a la frustración, Barroso defiende que la lucha sigue mereciendo la pena: "No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras que nuestros hijos siguen pasando calor", afirma.”Esto es insostenible, es muy injusto", resume. La portavoz pone el foco también en un problema menos visible: incluso los colegios que ya cuentan con sistemas de climatización pueden tener una instalación eléctrica incapaz de soportar varios aparatos funcionando a la vez. Por eso insiste en que la ley contempla, al menos sobre el papel, un diagnóstico "centro por centro".Frente a las declaraciones oficiales, reclama medidas más ambiciosas que un sistema de refrigeración: buen aislamiento en techos y paredes, fachadas y cubiertas vegetales, reducción del cemento en los patios y más zonas verdes. Como ejemplo cita un colegio de Badajoz que, tras instalar especies vegetales en fachadas y cubiertas, logró bajar la temperatura interior de las aulas entre un 11 y un 15%.Para Barroso no hay duda de que el cambio climático es una realidad científica, y de que el calor seguirá agravándose si no se actúa. Por eso reclama convertir los colegios en "pequeños pulmones, refugios climáticos", con más vegetación, sombra y ventanas amplias.De cara al inicio de curso, Escuelas de Calor ya tiene previstas reuniones con sindicatos y movilizaciones, aunque Barroso insiste en que la plataforma —formada por familias, sin estructura de asociación— trabaja "todo el año" y no solo cuando llega el calor.Más de 19.000 actuaciones en centros de AndalucíaEl instrumento estrella de la Junta en los últimos meses es el Plan de Confort Térmico, ejecutado ya en torno a un 60%, tras la transferencia de 55 millones de euros realizada el pasado mes de noviembre. Con ese dinero, los centros han instalado un total de 19.491 nuevos elementos de climatización.De esta cifra, 13.236 corresponden a instalaciones de ventilación y aire acondicionado, 2.112 a ventanas y cerramientos para mejorar el aislamiento, 1.721 a radiadores, 1.378 a estructuras de sombreado exterior como toldos o porches, y 1.044 a árboles destinados a crear áreas verdes y sombras naturales. 680.000 eurosEs la media de inversión que necesita un centro escolar para ser climatizadoLos centros tienen de plazo hasta finales de septiembre para invertir el dinero, y la Junta prevé una segunda fase con nuevos fondos para reforzar o ampliar las actuaciones. Entonces se podrán actualizar los datos. A fecha de enero de 2024 eran 1.300 los centros con climatización, un 37% de los 3.481 que tiene Andalucía. El precio medio de la adaptación de un centro es de 680.000 euros —oscila entre 425.000 y 935.000 euros, según el tamaño—, destinados a la instalación de refrigeración adiabática, el sistema elegido por la Junta para rebajar el calor sin disparar la inversión. Este sistema absorbe el calor transformando el vapor de agua en una corriente de aire caliente y seca, y al gasificarse, el agua evaporada humedece y enfría la corriente de aire.Lo que obliga la ley (y lo que dice la ciencia)El Real Decreto 486/1997 establece que la temperatura en los espacios donde se realizan trabajos sedentarios no debe superar los 27 grados. Un informe de Equitat.org propone trasladar ese límite, hasta ahora solo laboral, a las aulas: fijar 27 grados como umbral máximo legalmente exigible, no como condición de trabajo sino como condición de aprendizaje. En la misma línea, la Asociación Española de Pediatría alerta de que el aprendizaje se deteriora a partir de los 26 grados: la comprensión lectora empeora, la memoria falla, y por encima de los 30 grados el aula deja de ser, según sus expertos, un lugar adecuado para aprender. Sevilla, la segunda capital escolar más calurosa de EuropaEn un mapa de Europa elaborado por el Observatorio Europeo del Clima y la Salud —dependiente de la Comisión Europea y la Agencia Europea de Medio Ambiente—, se presenta el futuro de calor que afrontarán los alumnos europeos hasta el año 2100, según los distintos escenarios calculados por los científicos.En este mapa, casi todo el continente aparece en blanco, salvo manchas en verde en España (excepto la cornisa cantábrica), el sureste de Francia y el este de Grecia. En amarillo destacan Córdoba y Huelva, y en naranja, el color del peor escenario térmico previsto, Sevilla y la isla de Chipre. El mapa de calor en las aulas elaborado por el Observatorio Europeo del Clima y la Salud.- Según esas previsiones, con un escenario de calor "bajo" hasta 2040, la provincia de Sevilla tendrá 41 días lectivos al año en los que se alcanzarán o superarán los 30 grados, con una probabilidad del 50%. Solo la isla de Chipre presenta peores perspectivas, con 43 días lectivos al año en ese mismo periodo. A partir de 2040 el escenario empeora aún más: entre 2081 y 2100, la provincia de Sevilla casi duplicará sus jornadas por encima de los 30 grados, hasta las 74 al año. Le siguen Córdoba (68 días), Badajoz (62), Huelva (60) y Jaén (54), mientras que en Chipre, con un escenario de alto calor y un 50% de probabilidad, ese estrés térmico será "insoportable", en 77 jornadas de clase al año. Hasta 2040 la provincia de Sevilla tendrá 41 días lectivos al año en los que se superarán los 30 gradosActualmente, son 16.000 las escuelas en Europa que soportan jornadas con temperaturas superiores a 30 grados durante el curso; para 2050 esa cifra se habrá duplicado hasta las 31.500, un 9% de las instalaciones educativas europeas, según el Observatorio Europeo del Clima y la Salud.Lo que muestran las cámaras termográficas de GreenpeaceLos estudios científicos sitúan la temperatura óptima para el rendimiento escolar en torno a los 22-24 grados en climas templados; a partir de ahí y hasta los 32 grados, el rendimiento se reduce progresivamente por cada grado de aumento. "El calor excesivo no es ninguna fuente de inspiración para nadie. Provoca graves impactos en la salud, como agotamiento por calor y golpe de calor, entre otros. Además del riesgo sanitario, tiene efectos sobre la capacidad cognitiva, la concentración y la comprensión, lo que pone en jaque la calidad de la enseñanza", señala Elvira Jiménez, responsable de adaptación al cambio climático de Greenpeace.Con cámaras termográficas, Greenpeace ha comprobado que esas temperaturas óptimas se superan en todos los centros que ha visitado, también con holgura respecto al límite laboral de 27 grados. Alumnos en una clase de un colegio de Sevilla, en la que se han registrado altas temperaturas.- En un colegio de Sevilla, en el barrio de Triana, las aulas registraron más de 31 grados, una situación que se repitió en el comedor y los pasillos; en el patio, las pistas alcanzaron más de 60 grados en superficie y las paredes de los edificios superaron los 35 grados, creando, según la organización, un ambiente sofocante."La adaptación de los edificios y patios a la realidad climática no es ningún capricho. Es una cuestión de salud pública y del derecho a una educación de calidad. Las administraciones no pueden seguir mirando para otro lado desoyendo a las familias y las voces expertas. Si estas condiciones se consideran inaceptables en un entorno laboral, ¿por qué se aceptan para niños y niñas?", añade Jiménez.El caso de Andalucía es, para Greenpeace, especialmente grave porque la comunidad cuenta con una Ley de Bioclimatización desde 2020 que, seis años después, se ha aplicado de forma desigual. Luis Berraquero, coordinador territorial de Greenpeace en Andalucía, recalca: “De todas las posibles intervenciones con criterios bioclimáticos que marcaba la ley, las actuaciones realizadas se limitan a la instalación de sistemas de climatización adiabática, y ni siquiera llegan a todos los centros a los que deberían llegar. La mayor parte del alumnado andaluz convive con temperaturas superiores a los 30 grados en las aulas, en los colegios, que son verdaderos hornos”.