Elon Musk está en la diana de Irán, pero le ha surgido un aliado inesperado: Ucrania

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Elon Musk lleva años descubriendo que una red comercial de satélites puede convertirse en una pieza militar aunque su propietario prefiera mantenerse al margen. Starlink nació para vender conexión a internet, pero las guerras lo han empujado al frente desde que Rusia invadió Ucrania.La nueva tensión llega desde Teherán. Medios estatales iraníes han señalado las empresas del magnate con presencia en Oriente Medio como posibles objetivos militares, en plena campaña de ataques contra Estados Unidos y sus aliados. La amenaza alcanza intereses civiles y espaciales cuya protección no depende solo de SpaceX.Al mismo tiempo, Ucrania ofrece a los países de la región una experiencia adquirida de la manera más dura. Durante cuatro años ha recibido oleadas de aparatos Shahed de diseño iraní, ha estudiado sus rutas y ha creado medios más baratos para derribarlos. Kiev conoce al adversario por dentro y ya ha enviado especialistas fuera de sus fronteras.Una deuda escrita en el cielo Un sistema Starlink desde el espacioLa relación entre Musk y Ucrania ha sido cambiante. Starlink sostuvo comunicaciones civiles y militares cuando muchas redes terrestres quedaron destruidas, pero su uso ofensivo provocó disputas sobre límites geográficos y control. En 2026, SpaceX y Kiev volvieron a colaborar para impedir que Rusia utilizara terminales no autorizados en sus propios drones conectados. La cooperación nació de una vulnerabilidad compartida, no de una alianza política estable.La pieza publicada por Forbes plantea que esa experiencia puede servir ahora para proteger los intereses vinculados a Musk frente a los aparatos iraníes. Ucrania afirma haber repelido más de 57.000 Shahed desde el inicio de la invasión y ofrece a Estados Unidos y a los países del Golfo técnicos e interceptores. En los ataques más recientes, su Fuerza Aérea sitúa la tasa de derribo entre el 80% y el 90%. El aprendizaje acumulado tiene valor exportable.Esa ayuda no supone que soldados ucranianos custodien cada instalación de SpaceX o Tesla. La aportación puede consistir en entrenamiento, sensores acústicos, programas de detección, doctrina de respuesta y aparatos que choquen contra el atacante. El aliado inesperado es una capacidad desarrollada bajo presión diaria.Derribar barato para resistir Starlink es una apuesta en firme por parte de Elon Musk en todo el mundoEl problema económico explica el interés. Un misil Patriot puede costar varios millones de euros, mientras un Shahed se mueve en decenas de miles. Ucrania ha respondido con aparatos de entre 1.000 y 4.000 euros y modelos como el interceptor Sting, diseñado para perseguir estas municiones lentas. La diferencia permite reservar los misiles caros para amenazas más rápidas y sostener muchas noches de ataques masivos.Los drones tampoco vuelan en un vacío tecnológico. Navegación por satélite, enlaces de radio, cámaras y módems conviven con interferencias y cambios de frecuencia. La guerra electrónica obliga a modificar equipos en ciclos muy cortos. Para una compañía espacial, entender esa cadena resulta tan relevante como levantar muros alrededor de una fábrica. La defensa empieza mucho antes del impacto.Musk conserva una relación incómoda con Kiev, marcada por la dependencia mutua y las discusiones públicas. Irán ha añadido otra capa a esa historia. Si sus empresas necesitan proteger activos frente a una tecnología nacida en Teherán, los especialistas que mejor la conocen trabajan en el país que más veces la ha sufrido.