Cien años no se cumplen todos los días, y mucho menos dentro del mundo del audio. Sí, puede que JBL haya cumplido 80 y que asistiéramos a la celebración de los fastos en Amsterdam y también en Los Ángeles, pero hay un fabricante danés que no sólo ha llegado al centenario, sino que parece que no tiene intención de parar (y eso son buenas noticias para todos).Nos referimos a Bang & Olufsen, que hace muy poco nos invitó a un extenso tour por sus instalaciones en Struer con motivo del aniversario. Y aunque el audio sea parte parte de su ADN, los daneses también se atreven con televisores, audioinstalaciones y, prácticamente, cualquier cosa que se te ocurra a la hora de pensar en un sistema de entretenimiento para tu hogar. No son un fabricante al uso, aunque no por los motivos en que probablemente el lector esté pensando.A eso, no obstante, ya llegaremos. Sí puede decirse que los invitados al evento salimos con muy buena sensación de allí, porque pudimos conocer a la marca un poco más en profundidad y aprender cosas sobre ella que, de manera convencional, no habríamos podido saber.Un gigante del audio en mitad de ninguna parte Bang & Olufsen se fundó en Struer, en la región más al noroeste de Dinamarca y una zona fundamentalmente rural | Fotografía de Sergio AgudoSi no mencionamos esto, no estaríamos haciendo justicia al centésimo aniversario de la marca. B&O fue fundada en 1926 por Peter Bang y Sven Olufsen en el mismo Struer, un pueblo pequeño del noroeste danés. Está a una hora de la ciudad más conocida de la región, Billund, que, además de tener su propio aeropuerto, es el lugar donde se fundó Lego (sí, esa Lego) y donde está el parque temático Legoland.Como puede imaginarse, llegar hasta allí no es fácil. Struer no es un sitio grande; no es un lugar donde uno esperaría encontrarse con dos fábricas que tienen que ver con audio a gran escala (la de B&O y la de Harman Automotive que, cosas que pasan, antes era propiedad de B&O). Y, sin embargo, en el pueblo son plenamente conscientes de la importancia de Bang & Olufsen como parte de su historia; hasta tienen una exposición permanente en el museo de la localidad.Tuvimos la oportunidad de visitar, fuera de lo que es el programa de la fábrica, la casa de Sven Olufsen (en la que Peter Bang vivió un tiempo usando su propio dormitorio como taller y en la que aún viven los descendientes de Olufsen). Y entre la casa y el museo, tuvimos la ocasión de saber que la fábrica ha sido más importante para la historia del lugar de lo que cabría eseprar. ❮ ❯ Por ejemplo, tanto Bang como Olufsen formaron parte de la resistencia danesa durante la Segunda Guerra Mundial, con Dinamarca ocupada por los nazis. A nadie se le escapaba que las instalaciones de Struer eran parte de la columna vertebral del movimiento, así que los alemanes la bombardearon. A pesar de no tener fábrica, todos los trabajadores siguieron recibiendo su sueldo y, en poco menos de dos años después del bombardeo, la fábrica volvía a funcionar como si no hubiera pasado nada. La reconstruyeron entre todos; nadie fue despedido.Y parece que esa forma de construir relaciones con los empleados sigue siendo parte del ADN del fabricante a día de hoy, ya que al poco de darnos la bienvenida en el Innovation Lab, Jette Nygaard (jefa de comunicaciones y relaciones públicas de B&O) nos contó que muchos de sus trabajadores llegan a cumplir los 25 años en el puesto.Quienes lo consiguen van a parar al "muro de la fama" de la fábrica, donde se puede ver una foto del trabajador en cuestión con su nombre; nunca el cargo (a excepción de Peter Bang, quien está distinguido como director ya que consideran que "se lo había ganado"). En ese muro de la fama, no obstante, hay una ausencia importante: la de Sven Olufsen. El cofundador de la empresa murió de complicaciones de una apendicitis con 24 años y 3 meses de servicio en su haber, con lo que le faltaban nueve meses para lograr la distinción. Y es que en B&O se toman esta regla muy en serio. Este es el muro de la fama de Bang & Olufsen | Fotografía de Sergio AgudoFue también en este lugar donde supimos que en Struer está toda la cadena de producción, diseño y envío de los productos de Bang & Olufsen. Y es que se podría pensar que, estando casi todo el Danish Sound Cluster en Copenhague, una de las marcas fundadoras podría haber decidido centralizarlo todo allí. Pero no lo han hecho, lo que añade una segunda capa más de excentricidad al fabricante.Es cierto que cuentan con unas instalaciones en Copenhague similares a las que vimos en la visita, pero la magia de verdad sucede en las fábricas de Struer: construcción de prototipos, diseño de partes, estudio de acústica, desarrollo de hardware y software, ingeniería, electrónica, recursos humanos, logística, atención al cliente y mucho más.Un vistazo al proceso de fabricación de un altavoz ❮ ❯ Comenzamos la visita por el Innovation Lab en el que, siempre acompañados de Jette Nygaard, pudimos ver un enorme espacio abierto de oficinas construido así a posta para que distintas disciplinas puedan colaborar entre sí. En esta enorme oficina trabajan unas 275 personas, y es donde sucede una parte de la magia de Struer que comentábamos antes.De aquí saltamos a una sala donde nos esperaba Heidi Winkler, que trabaja con el equipo Atelier (el que se dedica a hacer productos personalizados a petición de los clientes). Allí no sólo pudimos ver los 100 años de Bang & Olufsen en aparatos, sino que pudimos observar a base de mockups cómo un altavoz de la firma llega desde las primeras fases de diseño al resultado final.También se nos explicó el proceso de creación de forma más o menos detallada tomando como ejemplo el altavoz Beolab 8. En primer lugar, lo que se hace es reunir todo el feedback recibido de clientes, periodistas e insiders de tecnología para analizar si vale la pena invertir en un nuevo producto.Después, esas ideas se presentan a un equipo de gestión ejecutiva para decidir si se sigue adelante con ellas o no. Si se decide seguir, se forma un equipo multidisciplinar para empezar la fase de prototipos (el siguiente paso). Al principio, estos prototipos son muy simples y se hacen en cartón, para después pasar a la impresión 3D y finalmente acabar con materiales nobles como los que tienen los productos terminados (vale la pena recordar que B&O es famosa por el uso del aluminio anodizado, que también pudimos ver cómo fabricaban).Una vez se ha finalizado la fase de prototipos, comienza la fase de pruebas con los materiales definitivos para determinar varias cosas: que el producto sea resistente, que sea acústicamente competente dentro de los estándares de Bang & Olufsen y para terminar de rematar detalles de diseño. El proceso de creación de un nuevo producto puede tardar entre tres y ocho años, según nos contaron.Acústica: otra capa de diferenciación ❮ ❯ Después de conocer el proceso de desarrollo, llegamos a la que fue (al menos para quien escribe) uno de los puntos más interesantes de la visita: el desarrollo acústico de los altavoces Beolab. Allí contamos con la presencia de Geoff Martin, uno de los ingenieros acústicos más reputados del mundo, colega del Doctor Sean Olive (responsable de muchos de los desarrollos acústicos de Harman hasta su jubilación) y miembro de la Audio Engineering Society.A Martin lo acompañaba una de las ingenieros del equipo, en una sala preparada especialmente para el test de altavoces. Dicha sala es una caja de acero de 26 toneladas que está suspendida dentro de otra caja de acero de 17 toneladas, con los muros compuestos por cuatro capas de acero separadas por material aislante (una especie de lasaña de placas de metal de 3 milímetros y 10 centímetros de lana de roca), que "flota" dentro de una estructura similar.¿Qué se consigue con todo esto? Que fuera de la sala no pueda oírse nada de lo que pasa dentro y, más importante aún, que dentro de la sala no se oiga nada de lo que pasa fuera. Y, para terminar de ayudar al aislamiento acústico, dos puertas de acero con una cámara de aire en medio terminan de contribuir a la estructura.Resultó muy interesante saber que toda la sala en la que estábamos nosotros descansa sobre muelles para aislarla de las vibraciones externas. Esto tiene una contrapartida: es muy sensible a las vibraciones internas, lo que puede llevar a que si, por ejempo, se sigue el ritmo de una canción con el pie, la aguja de un plato salte.El acondicionamiento acústico también es muy importante (esto lo hemos mencionado en otros artículos). Sin una sala acorde, cualquier prueba que se realice dentro no tendría un valor científico porque no se podría escuchar correctamente lo que sale de los altavoces. Para lograrlo han construido una sala acústicamente gris, es decir, semianecoica; muy seca (la reverberación es de un tercio de segundo), pero no muerta del todo. El material está colocado para absorber rangos de frecuencias concretos, con lo que producen un perfil de absorción unifforme. En esta sala se hacen las pruebas finales de los altavoces | Fotografía de Sergio AgudoPero en esta sala no se realiza todo el proceso de análisis técnico de los altavoces de Bang & Olufsen, en absoluto. El primer paso se hace en el departamento de ingeniería y consiste en mediciones objetivas y análisis de rendimiento; el proceso de escucha aún no ha intervenido.El segundo paso se lleva a cabo en la sala que acabamos de describir, donde los ingenieros llevan a Geoff Martin los altavoces terminados para que él pueda realizar las pruebas de escucha técnica. No es lo mismo que escuchar música en el salón de casa: aquí lo que se busca no es el placer auditivo, sino ver si los altavoces cumplen con determinadas características.Por último, los altavoces se llevan a una sala más parecida al salón de una casa, donde se realizan las últimas escuchas de prueba en las que sí se busca acercar la experiencia lo máximo posible a lo que el oyente escuchará cuando el equipo llegue a su domicilio. Y llegará con un equipo de instalación, por cierto; no tendrá que hacerlo él mismo.Ese equipo de instalación medirá la sala donde van a ir los altavoces para saber dónde colocarlos exactamente, por un motivo muy sencillo: las casas no suelen estar acústicamente tratadas, por lo que el sonido tiende a "desparramarse" por la sala. En Bang & Olufsen también pensaron en ello y llegaron a una solución que dieron en llamar Active Beamforming. ❮ ❯ La idea no es otra que controlar la dispersión del sonido. Sus altavoces, especialmente los Beolab 90, no están diseñados para proyectar el sonido hacia adelante, sino también para usar los altavoces de los laterales para cancelar la fase de la señal dispersa (en otras palabras, crear ondas de sonido que se anulen las unas con las otras). El mecanismo es similar a lo que hacen los sistemas de cancelación de ruido de los auriculares.Esto produce, además, un efecto muy interesante: el llamado "punto dulce" de escucha puede estar en cualquier sitio. Generalmente, tanto en audiofilia como en el estudio, se considera que el mejor punto para escuchar unos altavoces es en el centro de un haz de sonido proyectado por dos fuentes sonoras situadas formando un ángulo de 60 grados. Con el Active Beamforming y pulsando un botón del mando a distancia, si estás situado muy a la izquierda del punto dulce no hay problema, porque pasas a estar directamente en el centro de la imagen gracias a la cancelación de fases.Es muy complicado transmitir con palabras cómo funciona este sistema, así que sólo puedo intentar emplazar al lector a que, si quiere y tiene la oportunidad, vaya a una demo de los Beolab 90 a ver qué tal se desenvuelven los altavoces usando Active Beamforming. ❮ ❯ Al día siguiente pudimos ver la cámara anecoica en la que se hacen las pruebas de sonido espacial. Para quienes no lo sepan, este tipo de cámaras destacan por estar llenas de material absorbente muy potente y completamente desprovistas de cualquier tipo de reverberación. Entrar solo en ellas puede resultar una experiencia bastante extraña, así que fue buena cosa que hicieran pasar a todo el grupo.Dentro de dicha sala hay una estructura circular de tubos de aluminio, con altavoces colocados a diferentes alturas y en distintas posiciones. También una silla en el centro de la estructura, que suele ocupar o bien alguien del grupo de los ingenieros (por su oído entrenado), o bien alguien de cualquier otro departamento que se quiera prestar como voluntario (precisamente por no tener el oído entrenado). De esta manera, se tienen en cuenta todos los puntos de vista posibles sobre el funcionamiento de unos auriculares o unos altavoces.Como inciso en esta parte, también se nos invitó a conocer el proceso de fabricación de los productos de la firma tanto en la parte que tiene que ver con el aluminio anodizado y con la carpintería de la empresa. Y la conclusión que se extrae poniendo la ingeniería y el proceso de fabricación juntos es que los productos de B&O valen hasta el último euro que piden por ellos.Productos para toda la vida: el bucle de soporte infinito ❮ ❯ Una de las cosas que más nos impresionó fue el hecho de que Bang & Olufsen ofrece reparabilidad perpetua para sus productos: no importa que tengas un equipo de hace sesenta años; si lo envías a Struer allí pueden repararlo y dejarlo como nuevo. De hecho, han llegado a reparar una radio a válvulas de 1939.La firma cuenta con dos departamentos: uno centrado en equipos más modernos y otro que se especializa en productos que ya no aparecen en el catálogo de B&O. Ambos están formados por profesionales muy especializados que conocen al dedillo las máquinas que reparan. Y, sinceramente, en estos tiempos en los que todo es usar y tirar, este manifiesto contra la obsolescencia programada.Todo esto tiene un nombre: programa Relove, totalmente centrado en la longevidad de los productos. Y no sólo se ocupan de equipos antiguos, sino que también tratan con los de hornada más reciente: tres años de garantía para los equipos sin batería y dos para los equipos con batería (que incluye además un reemplazo de la misma).Relove echó a andar hace dos años, pero el salto llegó el pasado octubre, cuando la marca empezó a lanzar tandas mensuales de equipos seleccionados para sus clientes europeos. La acogida sorprendió hasta dentro de casa: muchos usuarios se apuntaron para acceder antes que nadie a esas primeras remesas. ❮ ❯ Antes de salir a la venta, cada equipo pasa por una inspección minuciosa en la Factory 3 (y, más adelante, en los propios mercados). De ahí salen clasificados en tres categorías (mint, excellent o good), para que sepas exactamente qué vas a recibir, sin sorpresas ni letra pequeña.Detrás hay un sistema de recompra que da una segunda vida a cada aparato sin borrar las huellas del uso, sino respetando la pátina: las marcas cosméticas forman parte de la historia del equipo. De momento el programa solo vive en internet, aunque el siguiente paso es llevarlo a las tiendas asociadas y a las propias de B&O por toda Europa.Y ahí está lo poco común del asunto: lujo y economía circular conviviendo en un mismo aparato. No es una combinación que se vea todos los días, y menos en un sector donde lo habitual es empujarte hacia el modelo del año que viene en cuanto el tuyo cumple dos.La parte más artesanal recae en técnicos con décadas de oficio a sus espaldas; algunos ya formaban parte de la plantilla de producción en los años ochenta. Cuando hay recambios disponibles, los emplean; cuando no, se arremangan y fabrican la pieza desde cero hasta dar con la que necesitan.Lo ilustraron con un ejemplo: para un par de altavoces BeoLab 5 tuvieron que inventar una pieza nueva, un proceso que se alargó dos años para un equipo de hacía veintitrés. La meta no cambia nunca: devolver el aparato a una vida larga y fiable junto a su dueño.Y luego están las historias que explican por qué todo esto importa. Una pareja francesa mandó restaurar su gramófono Beogram 1000 para celebrar sus bodas de oro. El aparato llevaba entre diez y quince años funcionando a duras penas, y volvió a casa para sonar como el primer día.Con esa reparación, los dos volvieron a disfrutar de su colección de vinilos. Ahí se entiende el doble valor de estas restauraciones: recuperan la función, claro, pero también todo lo que un objeto guarda dentro tras tantos años. Y eso, por muchos catálogos nuevos que lleguen, no se fabrica.La mejor forma de conocer a un fabricante es verlo desde dentro ❮ ❯ Quienes me lean sabrán que este no es mi primer rodeo. He asistido a otros eventos y he podido tratar de forma más o menos cercana con distintos fabricantes, pero sí es la primera vez que se me permite ver la filosofía de una firma desde dentro. Y la sensación que me llevo es que posiblemente esté ante uno de los más honestos del mercado.Lo digo por la forma en la que tratan a su plantilla, a sus productos y a sus clientes: todo en ellos encaja con la filosofía de "hecho para durar" de la que pudimos ser testigos a lo largo de toda la visita; que va desde la forma en la que se fabrican sus productos, pasando por los materiales que se usan en su fabricación y llegando al programa Relove.Ahora bien, entrar en el mundo de Bang & Olufsen implica hacerlo en un ecosistema cerrado muy similar al de Apple: no puedes coger unos Beolab 8 o unos Beolab 90 (o un plato Beogram, o cualquiera de sus fuentes sonoras) y acoplarlas como si tal cosa a tu amplificador. Si compras una pieza del fabricante, todas las demás deben ser suyas también para que puedan funcionar.Esto se vio muy bien cuando nos llevaron a una suerte de "piso" de muestra que tenían en la fábrica y en el que se había hecho una audioinstalación completa con productos de la marca. Y sí, cuando compras productos de Bang & Olufsen, dependiendo de qué compres, van a instalártelos a tu casa. Incluso pueden hacer un tratamiento acústico de las salas donde vayan a ponerlos, llegado el caso. Con dinero todo es posible, y ese es precisamente parte del problema. ❮ ❯ Y lo digo en el sentido de que Bang & Olufsen no es un fabricante de audio, al menos no solamente. Lo que sí es una firma que trabaja con audio pero muy orientada al lifestyle; sus productos son convenientes, pero no sacrifican calidad de sonido en absoluto. No son analíticos como los de grado audiófilo, pero es que tampoco es ese su objetivo. Sí, los Beolab 90, por ejemplo, no esconden nada, pero tampoco dejan al artista vendido y arruinan la experiencia como otros altavoces más especializados.Si son algo estos productos, sin duda, es piezas aspiracionales para cualquier amante del sonido. No es tanto que quieras entrar en su ecosistema desde que empiezas en el hobby de la audiofilia, sino que la marca es un poco el destino al que muchos, probablemente, querrían tener como final.A fin de cuentas, ¿quién no quiere que le adecúen la casa para escuchar música como se debe y que le afinen los altavoces en función de la sala en la que irán colocados o de qué se va a reproducir por ellos? Creo que cualquiera que esté en el hobby y que sepa de la importancia de estos parámetros tiene una buena idea del gustazo que debe ser que hagan todo eso por ti... porque va incluido en el precio.Salí de Struer con una idea bastante clara: Bang & Olufsen no fabrica aparatos para que los compres y los olvides, sino para que convivan contigo durante décadas, aunque eso pase por aceptar sus reglas y pagar lo que piden. Puedes verlo como una jaula de oro o como un trato poco habitual en una industria que vive de venderte lo mismo cada dos años.Yo me quedo con lo segundo: pocas firmas tratan a sus productos, a su gente y a quien compra con la misma coherencia, y eso, como ya dije, tiene un precio. Y, si me preguntas a mí, vale totalmente la pena pagarlo.