La presa de las Tres Gargantas no inclinó la Tierra de forma dramática ni cambió nuestra vida cotidiana, pero sí produjo un efecto físico medible. Según cálculos del Jet Propulsion Laboratory de la NASA, la enorme masa de agua almacenada en su embalse podría alargar el día en 0,06 microsegundos y desplazar la posición del polo unos dos centímetros. Una cifra minúscula, sí, pero también una señal poderosa del alcance de la ingeniería humana.