Pues sí, ya me queda claro. Resulta que padezco fatiga digital. No me lo avala la médico de familia sino una crónica del periódico, y a mí me vale. A lo mío, que es un cansancio ancestral, con buenos modales y ojeras justas, ha venido la actualidad a ponerle nombre. Fatiga digital, eso tengo. Como prosperan las pantallas de lámpara insomne, dicen los expertos que sufrimos una saturación azul, entre la distracción perpetua y la atención hipotecada. Seguro que sí. Una saturación azul, eso tengo. Me gusta esta última expresión, que suena a febrícula lírica. Yo eso lo arrastro desde antes del wifi doméstico, cuando aún existía el aburrimiento. Soy un agotado previo al concepto, un fatigado antes del diccionario... Ver Más