La historia parecía sencilla, casi demasiado limpia: primero los peces, después los anfibios, luego los reptiles y, mucho más tarde, los mamíferos. Una línea evolutiva ordenada, fácil de enseñar en clase y cómoda para imaginar cómo la vida salió del agua para instalarse en tierra firme. Pero la evolución rara vez funciona como un esquema de manual.