Cuarenta años de 'La Mano de Dios': así se gestó la fotografía que la inmortalizó

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El día más icónico en la historia del fútbol cumple este lunes cuarenta años. Se dice que el Dios más humano se elevó ese día a los cielos y, fiel a su mito, lo hizo con una genialidad y una trampa. El 22 de junio de 1986, Diego Armando Maradona derrochó en el Estadio Azteca de México todo su talento, probablemente el mayor que cualquier humano ha tenido para jugar al fútbol. Lo hizo ante Inglaterra, en unos cuartos de final de la Copa del Mundo, cuatro años después de la Guerra de las Malvinas en la que murieron 649 argentinos y que aún era una herida abierta. Sobre el verde, dejó dos escenas icónicas: el 'Gol del Siglo' en el que dribló a medio equipo británico y 'La mano de Dios'. La mayor hazaña individual con un balón y el engaño más mediático. Maradona en estado puro. Y entre los más de 110.000 asistentes al coloso mexicano estaba el fotógrafo argentino Eduardo Longoni, que con su cámara analógica capturó el gol con la mano del Pelusa que ni la realización del partido ni el árbitro lograron detectar: «Ese fue el último Mundial donde una modesta cámara fotográfica le pudo ganar a la televisión», afirma Longoni, que tenía 26 años cuando hizo su foto más recordada. Dedicó su carrera profesional a capturar la realidad social y política «de la Argentina», pero hizo la foto más célebre de la historia de los Mundiales. México 1986 se celebra unos meses después de un devastador terremoto de magnitud 8.1 en la escala de Richter que dejó miles de muertos y destrozó buena parte de la infraestructura de las ciudades del país. El contexto para acoger una Copa del Mundo no era el ideal y así lo certificó Longoni, que sufrió un «embotellamiento» fruto del mal estado de las carreteras y del tránsito «impredecible» en Ciudad de México.«Confié en que podía llegar al partido a las 12 del mediodía, me agarró un embotellamiento y quedé casi a un kilómetro del estadio». En la actualidad no hubiera tenido problema para desplazar el equipo durante esos 1.000 metros, pero en 1986 transportaba un «laboratorio portátil» para revelar y enviar las fotografías en un baúl que pesaba 80 kilos. Los fotógrafos que llegaron primero ocuparon lugares cerca del banderín de córner en la línea de fondo, mientras que a él le tocó un sitio «pésimo», casi al lado del palo izquierdo del portero inglés Peter Shilton (en la segunda parte), donde «la mitad del campo de juego está tapado por la propia red del arco». «Estaba muy desesperado por obtener fotos», relata el argentino, que no pudo capturar buenas instantáneas en el primer tiempo. Hacía «mucho calor» en el estadio Azteca y se escuchaba un «permanente murmullo», recuerda. Toda esa tensión llevó a Longoni a estar ojo avizor para disparar en una situación «donde la mayoría baja la cámara». Ese momento al que se refiere nos sitúa en el minuto 51 del partido, en un balón dividido entre Shilton y «una sombra». «En el momento en que estoy enfocando al arquero se levanta una sombra. Ni siquiera me di cuenta de que era Diego Armando Maradona y mucho menos que había sido el gol con la mano», relata Longoni. El árbitro y la cámara de la televisión tampoco lo vieron. Solo su objetivo y el del fotógrafo mexicano Alejandro Ojeda delataron al '10'. Talento, trabajo y azar. Estos tres ingredientes coincidieron para que Longoni apretara el botón en el momento indicado. Eso sí, no pudo cantar victoria hasta terminado el encuentro, cuando reveló la fotografía. Posteriormente la enviaría a su medio, la agencia Noticias Argentina, con un transmisor de telefotos. Se llamaba S-16 y tardaba unos 15 minutos en enviar la instantánea a destino. Al día siguiente su captura ocupó cientos de portadas. Eso suponía Longoni, pues en la época no pudo cuantificar el alcance real de la instantánea. «No había redes sociales, por lo cual la repercusión no me llegó en ese tiempo. Empecé a ver con el paso de los años que esa foto iba siendo cada vez más importante», explica. De hecho, años después descubrió otra foto que, a su juicio, es aún mejor que la suya. Se trata de la del mexicano Ojeda, que llegó a inmortalizar el contacto de la mano de Maradona con el balón. No obstante, las dos fotografías convivieron en el tiempo, pues una fue en blanco y negro (la de Longoni) y otra en color (la de Ojeda). De hecho, en una época donde la mayoría de los periódicos aún imprimían en blanco y negro, la fotografía del argentino tuvo mayor impresión. El día más estelar del jugador más influyente en la historia del fútbol. «El más rebelde», añade Longoni. Aquel 22 de junio, Maradona llegó al Estadio Azteca «siendo el mejor jugador del mundo y salió siendo un mito». En 90 minutos. Y Longoni fue un actor secundario clave en que la leyenda del Pelusa perdurara en el tiempo. Esa foto sobrevive a la llegada de internet, de las redes sociales y de la inteligencia artificial. La de 'La Mano de Dios' es su fotografía más recordada, por la que le siguen llamando para entrevistas y, en su memoria, ha tenido ya varias vidas: «Un historiador me dijo que esta es una fotografía política, que habla del momento de mayor rebeldía del más rebelde de todos los jugadores de fútbol. En ese momento entendí mucho más la foto que cuando la hice». Un instante que trasciende al fútbol y que cumple cuarenta años. Un aniversario que celebra Argentina con su segundo partido en la Copa del Mundo, ante Austria. Desde aquel 22 de junio de 1986, han sumado dos estrellas a su país. Una con el Dios más humano y otra con el humano más divino.