Cabo Verde deja al borde del KO a la Uruguay de Bielsa

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Por un momento se imaginó Cabo Verde derrotando a Uruguay. Por un momento Kevin Pina, un centrocampista que a los 23 años jugaba en la cuarta categoría portuguesa, era héroe nacional como lo fue Vozinha ante España. Por un momento la modesta selección tuvo cuatro puntos. La pesadilla uruguaya pareció terminar cuando apareció Maxi Araujo y los de Bielsa descubrieron que el agujero estaba arriba para marcar dos goles que les permitieron llegar al descanso en ventaja. Pero aquello no era una pesadilla, sino la cruda realidad. Tras empatar a uno con Arabia Saudí, la celeste hizo lo propio con Cabo Verde, pero esta vez encajando dos tantos. Y está contra las cuerdas. La modesta selección africana no ganó, pero como si lo hubiera hecho. Su segundo punto vale mucho. El uruguayo, para casi nada. Las lágrimas de Hélio Varela cuando marcó el segundo tanto ilustran mejor que cualquier palabra el empate, el segundo ante un campeón del mundo, de Cabo Verde, que ya es la revelación del Mundial. Unas tablas que dejan tocado a un Uruguay que tal vez fuera por momentos mejor, pero en esto del fútbol lo que valen son los goles y Cabo Verde exprimió sus opciones, demostrando capacidad para seguir escribiendo su propia historia épica de igualadas. De paso, Uruguay se queda con dos tristes puntos ante rivales teóricamente inferiores y obligada a ganar a España si no quiere quedarse eliminada en la primera fase, porque es muy poco probable que con tres (con dos es imposible) consiga el pase. Los celestes habían aprendido -o eso creían- la lección de su empate ante Arabia Saudí y salieron con una gran intensidad decididos a jugar en el campo caboverdiano. Así fue como Canobbio ensayó de cabeza casi recién arrancado el duelo, pero su rival también había sacado conclusiones de la primera jornada, en su caso positivas tras el empate ante España, y se sabía la lección: orden y concierto para blindar la meta de Vozinha. El precio, acumulación de futbolistas y juego en la zona de tres cuartos y jugársela a alguna contra. Un Cabo Verde intenso y solidario en los apoyos se desmadejaba sin embargo cuando se quitaba el corsé, como la contra que cedió al cuarto de hora para que Valverde disparara cruzado fuera, pero Uruguay era un ejemplo de voluntad sin tino. Todo lo contrario que un rival henchido de fe. Sobre todo la que demostró Moreira, protagonista de un quiebro en defensa y un eslalon posterior de 40 metros que hubiera sido mayor de no detenerlo Betancur con una falta de esas que se llaman tácticas. Sin embargo el plan se vino abajo cuando Kevin Pina ejecutó el libre directo, lejano y centrado, entre los dos solitarios jugadores de una barrera que se abrió dejando descubierto a un Muslera tan vendido como sorprendido, pero que pudo hacer más ante el misil, duro pero alcanzable. No le vino mal a Uruguay la pausa publicitaria para superar la conmoción, aunque ya había tratado Valverde de contestar al mazazo. Volvió por un momento el juego en tres cuartos emulando un partido de balonmano, pero con la celeste rozando el pasivo y unas imprecisiones que aprovechaban los africanos para contragolpear y, de paso, recordar a la defensa rival que tampoco debía irse muy arriba, como cuando Muslera evitó a los 37 minutos que Pina hiciera de cabeza el doblete. Solo Valverde se salvaba de la quema hasta que en el minuto 41 apareció Maxi Araujo para finalizar un ataque que al fin le había salido bien a los de Bielsa. El gol llegó con cierta polémica, porque Arcajo llevaba cinco minutos lesionado, hasta el extremo de que Fede Viñas le estaba atendiendo cuando se inició la jugada de ataque, pero Espen Eskå se resistió a detener el juego. Después forzó el caboverdiano para que el cambio se hiciera al descanso, sin desperdiciar una ventana. Uruguay no hubiera necesitado esa ayuda para empatar. O tal vez sí, pero lo que estaba claro era que al fin se había despertado la bicampeona. Un pase en profundidad de Varela permitió a Maxi Araujo asistir para que Canobbio marcara casi a placer a los cinco minutos del añadido. La celeste se iba de pronto al descanso en ventaja. Con el marcador a favor volvió a salir Uruguay muy entonado, aunque sin avasallar a la aspirante a equipo revelación del Mundial. Eran un boxeador sin pegada ante un rival incansable que de pronto tomó de nuevo la iniciativa. Monteiro dejó semi KO a Fede Viñas en un libre directo que el delantero despejó con valentía en la barrera y Hélio Barrera aprovechaba acto seguido un cortocircuito en la defensa uruguaya y el error de bulto de Muslera en la salida en falso para empatar el partido a la hora de juego. El pase en la zaga era de primero de circulación, pero se convirtió en semiasistencia que propició el gol y las lágrimas de emoción del centrocampista nacido en Portugal. Justo antes de parar para los anuncios, Espen Eskås anuló un tercer gol celeste por fuera de juego en un alarde de bisoñez de la defensa caboverdiana, que confiada en la ilegalidad de la jugada tampoco siguió el balón y estuvo a punto de llevarse un buen susto, porque lo era por la mínima. Marcelo Bielsa se había encomendado a solo un par de cambios en busca de gol, pero se estaba topando con todo lo contrario mientras comprobaba que a Fede Valverde (aunque a balón parado seguía siendo un peligro) se le habían terminado las pilas. Brian Rodríguez entró por Araujo, que sigue sin ser el favorito del argentino, y casi sobre la línea evitó Cabo Verde el tanto celeste. Tocaba recurrir a la épica. La defensiva por una parte, con un Moreira demostrando un esfuerzo agónico. La ofensiva, pero imprecisa, por otro, con un Uruguay a la desesperada. El libre directo que se le fue alto a Valverde al borde del 90 inauguró un añadido en el que Canobbio también tuvo su ocasión. No les quedaba otra a los uruguayos que jugársela aun a costa de arriesgarse a contras como la que obligó a Betancur a jugarse el penalti para evitar que Semedo disparara a placer en lo que pudo ser el 2-3. Al final, dos tablas ante otros tantos campeones mundiales permiten a Cabo Verde optar a la clasificación para dieciseisavos incluso como líder de grupo, según lo que haga España y si es capaz de ganar a la cenicienta del grupo, Arabia Saudí. Como para que no lloraran tanto Hélio como los uruguayos, aunque por motivos muy diferentes.