Dos obras de Diego Velázquez y otra anónima serán protegidas como Bien de Interés Cultural (BIC). La Consejería de Cultura y Deporte ha dado comienzo al procedimiento para inscribir en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como Bien de Interés Cultural (BIC) una 'Inmaculada Concepción' (hacia 1617) y una 'Santa Rufina' (c. 1629-1632) del pintor hispalense, así como una 'Vista de Sevilla', obra anónima de 1660. La incoación del proceso para el reconocimiento de las tres obras, pertenecientes a la Fundación Focus Loyola, se ha publicado este miércoles en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (BOJA). A este respecto, la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico ya informó favorablemente sobre el inicio del procedimiento para la inscripción en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, como Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría mueble, de los tres lienzos citados a petición de varios colectivos conservacionistas de la ciudad. La 'Inmaculada Concepción' constituye una obra clave en el engranaje artístico fraguado en torno al taller del pintor Francisco Pacheco en un momento fundamental para la eclosión del naturalismo sevillano entre 1616 y 1618. Desde el momento de su aparición en el mercado artístico internacional en 1990 suscitó un encendido debate en torno a su atribución, que oscilaba entre Alonso Cano y el joven Velázquez, cuando ambos compartían aprendizaje en el taller de Pacheco, ha explicado la Junta en una nota. No obstante, los estudios técnicos que se realizaron en el Museo del Prado evidenciaron que la riqueza y densidad cromática de esta obra están en directa relación con las primeras obras seguras de Velázquez como la 'Inmaculada' (1618-1619) de la National Gallery de Londres y la 'Adoración de los Magos' del Museo del Prado, fechada en 1619. Su relevancia se ve refrendada al quedar identificada en el inventario de 1813 del deán Manuel López Cepero, figura fundacional del coleccionismo sevillano. Por su parte, el retrato de 'Santa Rufina' resume perfectamente el trabajo de Velázquez desde su formación sevillana hasta su traslado a la Corte. El cuadro evidencia la evolución pictórica del maestro. Aunque conserva rasgos del naturalismo sevillano aprendido en el taller de Francisco Pacheco, como el dibujo preciso y el modelado volumétrico, abandona el tenebrismo más acusado de sus primeras obras para introducir una iluminación más atmosférica y una pincelada más fluida. El tratamiento de los tejidos blancos y del rostro demuestra una extraordinaria capacidad para captar las calidades táctiles y los efectos de luz mediante empastes y veladuras sutiles. Asimismo, la serenidad compositiva y la representación directa del modelo anuncian ya el lenguaje maduro de Velázquez. Se trata de una de las escasas obras del pintor conservadas en Sevilla y mantiene una estrecha vinculación simbólica con la ciudad, al representar a una de sus santas protectoras. Por último, también se protege la pintura anónima 'Vista de Sevilla' , ejecutada hacia 1660, que se constituye como una obra emblemática de la pintura barroca, resultando un testimonio de la influencia y pujanza de la ciudad andaluza en el Siglo de Oro, en la que se reflejan sus monumentos y su gran transformación urbana, además de ser un importante documento iconográfico de los tipos sociales y elementos antropológicos. Este lienzo enmarca perfectamente la amalgama de ilusiones, hervidero de gentes y trasiego de galeones y galeras, que era Sevilla en el siglo XVII. Posee, además, valores artísticos relevantes, por su ejecución y calidad pictórica que la sitúan como una de las mejores representaciones al óleo de la urbe. Se trata por tanto de una obra con valores culturales acreditados que permiten su reconocimiento como parte integrante del patrimonio cultural de Andalucía.