El Alavés se salva contra el Barça

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El Barça inició en Vitoria la serie de partidos sin misterio. Flick dio a Szczesny la portería y puso al joven Álvaro Cortés en la defensa, sin más concesiones pese a la irrelevancia del resultado. Es una forma de respeto a los aficionados propios y ajenos, es cierto, pero también una manera alemana de afrontar la realidad sobre todo con jugadores que dentro de nada tienen un Mundial. Cuando no hay nada en juego pierde mucho el espectáculo y por eso el hambre del Alavés por salvarse tensaba el interés de la noche y era de agradecer. Rashford pudo marcar en un remate mucho más fácil que el del golazo de falta que nos regaló en el Clásico . Lo de este jugador es realmente curioso. Lo que hace bien y lo que hace mal está a tanta distancia, es tan impredecible y parece separado por tanta frialdad, que acaba generando un desafecto algo injusto con sus méritos. El partido no era aburrido y no se podía acusar al Barça de adulterar la competición por inapetencia o pasotismo; el Alavés peleaba con energía, con nobleza, presionando arriba, corriendo al límite de sus fuerzas. Bien. O muy bien. Las ocasiones se repartían a partes iguales en las dos áreas, pero daba la sensación de que todo lo que se esforzaba el Alavés moría en la orilla y que el Barcelona, con menos agonía, podría marcar en cualquier lance. Noche prometedora de Álvaro Cortés, metro noventa, muy eficaz y responsable; central con sorprendente oficio en el área. Casadó y Dani Olmo eran los jugadores que más profundidad buscaban pero el Alavés se defendía muy atrás y muy ordenado y costaba mucho encontrarle espacios. Ataques largos del Barça, tan largos como improductivos. Lo que el partido tenía de ritmo le faltaba en precisión. Poco afortunado Roony, en la línea de los últimos partidos, en los que más continuidad ha tenido. Empezó la temporada mejor de lo que la ha terminado, aunque hay que reconocerle que no ha de ser fácil ser el suplente de Lamine Yamal. El Alavés lo intentaba un poco a pedradas pero su empeño era emocionante, y era difícil no empatizar. Justo antes del descuento, Ibrahim Diabaté levantó a Quique Sánchez Flores de su asiento adelantando a su equipo a la salida de un córner. Por lo menos momentáneamente, salvaban los vascos la noche y sobre todo, la categoría. La segunda parte empezó con un cabezazo de Diabaté, libre de marca en el centro del área, que pudo ser el segundo, pero le faltó intención y pudo rechazar el portero polaco del Barça. Tan listo que estuvo el delantero en el gol del primer tiempo, y tan decepcionante que fue su remate, con el que pudo haber dado una tranquilidad casi definitiva a su equipo. Dani Olmo tenía otra de sus noches frustrantes. Con un ansia digna de mejor causa, dando enérgicas instrucciones desde la banda, Flick metió a Xavi Espart, a Ferran y a Pedri y sentó a Roony, a Casadó y a Cubarsí. Quique dio descanso a Diabaté y a Denis Suárez y entraron Mañas e Ibáñez. El Barça insistía un poco absurdamente en el empate, como si le fuera algo en ello. Los 100 puntos no parecían un reto tan significativo como para amargarle la noche y la permanencia a un equipo tan agradable como el Alavés. Quique pedía calma y contención a los suyos y la afición llevaba en volandas a un equipo que cada vez veía más cerca la gesta. Al Barça le faltaba poquito para marcar pero entre la falta de luz y las ganas de los locales, el gol no acababa de llegar. En su teutón afán Flick, continuó con su particular sentido de la intensidad e hizo dos cambios más: Cancelo por Balde y Tomàs Marquès -con un nombre tan bonito es una macarrada hacerse llamar Tommy- por Bernal. Partido luchado por los dos equipos y el Alavés tendrá el honor de poder decir que se salvó ganando al un campeón que en ningún momento renunció a los tres puntos.