Algo más de siete años después de que un ictus acelerara su despedida de los escenarios de forma definitiva, el mundo del flamenco se viste de luto en la jornada de este miércoles 13 de mayo de 2026, tras conocerse la muerte de José Domínguez Muñoz 'El Cabrero', uno de los artistas flamencos más rebeldes — con causa— que ha dado el género en toda su historia, un cantaor de voz tan indómita como libre, que siempre lucho desde el escenario por el compromiso social.Nacido en Aznalcóllar (Sevilla) en 1944, a los 81 años se marcha para siempre una de las figuras más singulares, combativas y reconocibles del flamenco contemporáneo. El cantaor, símbolo de independencia artística y de defensa del mundo rural andaluz, deja tras de sí una carrera marcada por la autenticidad y una forma profundamente personal de entender el cante jondo.Procedente de una familia humilde vinculada al trabajo del campo, 'El Cabrero' construyó toda su personalidad artística alrededor de una vida ligada al pastoreo y a la naturaleza. Su sobrenombre no fue una creación escénica, sino el reflejo directo de un oficio y de una forma de vida que jamás abandonó completamente.FOTOS: MANU GARCÍA- A diferencia de otros artistas de su generación, El Cabrero evitó integrarse plenamente en los circuitos más comerciales. Su trayectoria se desarrolló desde la independencia y desde una defensa constante de la libertad artística y de pensamiento.Su figura pública quedó marcada desde el principio por una personalidad ajena a convencionalismos, que no pasó desapercibida por el público, llegando a ser el artista más contratado de su tiempo en la época de los 70 del siglo pasado, mientras otros artistas transitaban hacia modelos más industriales del espectáculo flamenco.De hecho, su incorporación al espectáculo 'Quejío' en 1972 de la compañía La Cuadra, compuesta por Salvador Távora, Paco Lira y Paco Lira y concebida como "un alegato contra la discriminación y el academicismo", fue el pistoletazo de salida a una trayectoria profesional que fue abriendo importantes espacios a lo jondo.Como forma de vida arriba y debajo de los escenarios, El Cabrero mantuvo una línea artística vinculada a la sencillez, al cante tradicional y a una permanente conexión con sus raíces rurales, creando gran parte de las letras que cantaba, sobre todo por seguiriyas y fandangos.Una voz ligada a la denuncia socialEn lo que podría considerarse como una carrera fulgurante, la consolidación profesional de El Cabrero llegó a mediados de la década de 1970, cuando comenzaron a publicarse sus primeros trabajos discográficos 'Así canta El Cabrero' (Belter, 1975), 'A esta tierra que es mi madre' (Belter, 1976) o 'Tierras duras' (DB Belter, 1977), donde aparecen elementos que marcarían toda su carrera: crudeza expresiva, cante tradicional y letras de contenido social y reivindicativo.Muchas de sus composiciones abordaron cuestiones relacionadas con las desigualdades sociales, la situación del campo andaluz y la defensa de los trabajadores rurales. El flamenco se convirtió para él en una herramienta de expresión crítica frente a determinadas estructuras políticas, económicas y culturales durante más de 45 años, dejando una discografía, compuesta por 25 trabajos discográficos en solitario, que cerraba con 'Ni rienda, ni jierro encima' (Atípicos Utópicos, 2018).Su discurso artístico estuvo especialmente ligado a la dignidad de las personas humildes y a la defensa de la libertad individual. Esa posición crítica y directa terminó convirtiéndole en una figura singular dentro del panorama cultural español.FOTOS: MANU GARCÍA- Especialmente reconocido por sus seguiriyas, tonás y fandangos, El Cabrero fue considerado uno de los grandes defensores de los estilos tradicionales del flamenco. Su forma de cantar, alejada de artificios, siempre estuvo marcada por la intensidad emocional y por una fuerte raíz clásica.El timbre bronco y desgarrado de su voz terminó construyendo una personalidad interpretativa absolutamente reconocible. Su manera de abordar el cante jondo transmitía crudeza, emoción y una fuerte sensación de verdad artística.Durante décadas actuó en festivales, teatros y peñas flamencas de toda España y Europa, participando tanto en eventos clásicos como en otros encuentros de world music — sin perder su identidad— y compartiendo espacio con Gilberto Gil, Chick Corea, Peter Gabriel, Jorge Cafrune o Alberto Cortéz, convirtiéndose en un nombre habitual de los grandes eventos flamencos andaluces. Su presencia en el escenario proyectaba la misma sobriedad y firmeza que mantuvo en su vida cotidiana.Hace siete años sufrió un ictus que aceleró su retirada definitiva de los escenarios. Aquel problema de salud marcó el final de su actividad artística pública después de toda una vida dedicada al flamenco y al cante jondo. En el año 2020, dejó una de las noches para el recuerdo en el Festival de Jerez.El símbolo de una manera de vivirMás allá de su dimensión artística, El Cabrero terminó representando una actitud vital basada en la coherencia y la resistencia cultural. Su figura quedó asociada a una manera ética de entender el flamenco y también la propia existencia.Quienes le conocieron destacaron siempre su personalidad reservada, su fuerte vínculo con la tierra y su rechazo a determinadas formas de notoriedad pública. Incluso en los años de mayor reconocimiento artístico mantuvo su relación con el pastoreo y con el entorno rural andaluz.La naturaleza y la vida en el campo formaron parte esencial de su identidad personal. El contacto diario con los animales y con el paisaje rural moldeó un carácter independiente y poco dado a las concesiones públicas o mediáticas.El Cabrero, viral al recordar una película sobre su vida: "La vetaron en mi tierra, mis padres no llegaron a verla".- Esa fidelidad a sus convicciones reforzó con el paso del tiempo la dimensión casi legendaria de su figura dentro del flamenco. Muchos aficionados encontraron en él un artista ajeno a las modas y profundamente conectado con la verdad emocional del cante.Su voz transmitió durante décadas emociones ligadas al dolor, la rabia, la dignidad y la libertad. Para varias generaciones de aficionados y cantaores, El Cabrero representó una de las expresiones más libres y auténticas del flamenco contemporáneo.Un legado que atraviesa generacionesA lo largo de su carrera publicó numerosos discos que terminaron convirtiéndose en referencia para aficionados y artistas posteriores. Su influencia fue reconocida tanto por su manera de interpretar el cante como por la independencia personal que mantuvo frente a los convencionalismos.Numerosos cantaores posteriores reconocieron la huella dejada por El Cabrero tanto en el plano artístico como en el humano. Su figura acabó convirtiéndose en símbolo de autenticidad para buena parte del mundo flamenco.Aunque permaneció alejado de determinadas estructuras institucionales, su aportación cultural fue ampliamente reconocida dentro del mundo flamenco. Con los años pasó a ser considerado una auténtica figura de culto para estudiosos, artistas y seguidores del género.La dimensión de El Cabrero trascendió incluso el ámbito estrictamente flamenco. Su defensa permanente de la libertad de pensamiento y de una vida alejada de artificios reforzó el respeto hacia su figura en diferentes ámbitos culturales y sociales.La muerte de José Domínguez Muñoz ‘El Cabrero’ cierra una trayectoria artística y humana marcada por la fidelidad a unos principios inalterables. Su nombre queda unido para siempre a una forma de cantar y de vivir que convirtió la autenticidad en seña de identidad.