El Verbo se hizo carne como uno de nosotros (excepto en la culpa) y toda su Vida, su Muerte y su Resurrección y Ascensión fue manifestación constante de aquel Amor divino inimaginable. Y para comunicarlo habitó entre nosotros y sigue presente entre nosotros (Guillermo Rovirosa, OC, TII pág. 206).   ■ Accede a más oraciones aquí.