Investigadores analizaron árboles milenarios momificados en la cuenca del Tarim y descubrieron que el declive de la Ruta de la Seda coincide exactamente con un periodo de sequía extrema entre 1500 y 1650. Sin agua, los oasis desaparecieron, las caravanas dejaron de cruzar el desierto y una de las mayores redes comerciales de la historia empezó a derrumbarse.