Un cuerpo celeste de grandes dimensiones se acerca a toda velocidad a la Tierra. Su trayectoria está más que confirmada, con el tiempo suficiente además de prever que su impacto será terriblemente destructivo. Mientras esa amenaza se va a haciendo cada vez más cercana e inminente hay que decidir qué recursos se sacrifican en un intento de desviar su camino, si unos países se pueden encoger de hombros porque no les afecte o, en caso de golpe inevitable con daño global, a qué personas se puede salvar con los limitados recursos espaciales, de acogida o de búnkeres disponibles. Este dilema del fin del mundo reside como pregunta de cimentación bajo un artículo que publica la Revista del Instituto Español de Estudios Estratégicos, órgano de reflexión dependiente del Ministerio de Defensa. Seguir leyendo....