Aristóteles: «No te fíes de alguien que no tiene amigos, porque alguien que no tiene amigos es imposible que sea feliz»

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Felicidad y amistad son dos caras de la misma moneda, al menos así lo explicó Aristóteles en el siglo IV a. de C. El filósofo griego enseñó a sus alumnos que para ser feliz necesariamente hay que desarrollar relaciones virtuosas con nuestros iguales. Esta lección de vida se encuentra diseminada entre sus escritos sobre la virtud y el objetivo de la vida humana. El filósofo contemporáneo David Pastor Vico la resume en una sola frase que nos ayuda a comprenderla en términos actuales: «No te fíes de alguien que no tiene amigos, porque alguien que no tiene amigos es imposible que sea feliz». Aristóteles es considerado el padre de la filosofía occidental por reflexiones como esta. Las humanidades y ciencias de los siguientes 2.000 años se apoyan en las conclusiones que él transmitió en su escuela, como la importancia de la virtud y la observación de la realidad. Este conocido griego dedicó su vida a la lógica, biología, metafísica, ética, filosofía política y la retórica, entre otras disciplinas del Mundo Antiguo. Vivió entre los años 384 a. de C. y el 322 a. de C. , siendo coetáneo de otras figuras de renombre como su maestro Platón y su discípulo Alejandro Magno. La noción de felicidad propuesta por Aristóteles descansa en los conceptos de virtud y amistad. De la misma forma, en estos dos pilares descansa la repetida cita de «No te fíes de alguien que no tiene amigos, porque alguien que no tiene amigos es imposible que sea feliz». Para entender esta frase hay que recordar que el filósofo defendió que el ser humano es responsable de su propia felicidad, a la que llamaba eudaimonía. Afirmó que el hombre es capaz de cultivar su propio bienestar físico y espiritual a través de la virtud, es decir, la moderación de sus cualidades naturales. Una persona deberá trabajar la virtud de la amabilidad como el término justo entre la adulación y la frialdad; o desarrollará la virtud de la generosidad como el manejo adecuado de la riqueza entre la avaricia y la prodigalidad. Toda persona tiene una dosis de virtud de forma accidental que trabajará conscientemente a lo largo de su vida a través de la reflexión y la conversación con sus iguales. El alma encontrará la felicidad en este perfeccionamiento de sus cualidades, siempre y cuando el objetivo de esta perfección interior esté dirigido al trato con los demás. La amabilidad o la generosidad, por continuar con los mismos ejemplos, sólo nos llevan a la felicidad si son medios para acercarnos a quienes nos rodean. Por lo tanto, la enseñanza de Aristóteles de no fiarse de aquel que carece de amigos se refiere directamente a la necesaria relación entre comunidad e individuo . Quien no tiene relaciones profundas con sus iguales demuestra una falta de virtudes, como la amabilidad y la generosidad, y la consiguiente infelicidad propia. Su imperfección le aleja de la felicidad y le convierte en mal consejero. Aristóteles explicó en el Liceo que sin la amistad verdadera no puede haber una felicidad también verdadera. El contacto sincero con aquellos iguales a nosotros es fundamental para una vida plena, siempre que surja del interés por el otro además del propio. En el siglo XXI también podemos recuperar estas enseñanzas y aplicarlas a la situación de cada uno. Por ejemplo, en sencillo relacionar estas ideas con el cuidado de las amistades verdaderas y la dinámica de influencia en entornos digitales.