Lo que iba a ser un mero trámite se ha acabado convirtiendo en una batalla administrativa de mes y medio. Una vecina de la capital hispalense ha tenido a dos desconocidos empadronados en su casa sin ella saberlo. Todo comenzó cuando en el mes de abril recibe dos cartas a nombre de dos personas, ninguna de ellas residentes en su vivienda, pero con la dirección correcta de su casa. Aprovechando que a la semana siguiente tenía una cita en su distrito para solicitar documentación necesaria para una beca de su hija, comentó lo que pensaba que era un error de la empresa de mensajería. Para su sorpresa, cuando le emiten la hoja de padrón colectivo que necesitaba, le indican que los nombres de los destinatarios de las cartas aparecían en el anexo del documento . Según explica esta mujer, la cual prefiere mantener su identidad anónima, le explicaron que esta hoja anexa es donde se registran las estancias temporales, «por ejemplo si mi sobrino de Estados Unidos viene tres meses a mi casa», detalla. Todo esto sin saber quienes son las supuestas personas que viven en su casa. En el distrito le informan de que existe un contrato de alquiler de una tercera persona que ejercía de arrendador a quienes aparecían empadronados. «Nadie comprobó si, efectivamente, esas personas vivían en mi casa», explica la afectada, quien dice tampoco haber tenido acceso al citado anexo. «Solo sé sus nombres por las cartas que me llegaron, me dicen que no me pueden decir nada más por la ley de protección de datos ». Es ahí también cuando descubre que el contrato de agua estaba a nombre de los falsos inquilinos «Me di cuenta de que, efectivamente, en la cuenta bancaria llevo varios meses sin cargos de Emasesa», añade, quien después verificó con la empresa que no había ningún contrato activo con su DNI. Los falsos inquilinos llevaban pagándole el agua desde verano algo que le cuadró a esta mujer, ya que a pesar de descubrir que no había pagado el agua, no había sufrido cortes de abastecimiento. Hizo las gestiones necesarias para volver a poner todo a su nombre, incluido pagar los meses que no había pagado. Al conocer que podía ser denunciada por Extranjería con una multa de hasta 10.000 euros, no tardó en denunciar a la policía lo ocurrido. «Podía parecer que al pagarme ellos el agua yo estaba sacando rédito de ello», añade. Todo ello en un contexto de regularización masiva de inmigrantes tras la reciente medida impulsada por el Gobierno de Pedro Sánchez. Es más, según su testimonio, tiene una compañera a la que le sucedió algo parecido. En su caso, tras haber alquilado durante un tiempo un piso que tenía en propiedad, decide mudarse ella y cuando fue a empadronarse le informan de que había otra persona empadronada; un desconocido que no era su anterior inquilino. Finalmente, un inspector del padrón fue a su domicilio para levantar el acta de las personas que vivían en su domicilio y poder actuar. «He tenido miedo de que tomaran represalias al poner la denuncia, no sé cuáles son los intereses de estas personas. Sigo sin entender cómo ha podido pasar esto», añade la mujer, quien decidió incluso poner cámaras en su casa ante lo sucedido. «El fin de todo esto no lo sé, pero sigo esperando que me aseguren que estas personas ya no constan como empadronadas en mi domicilio», apunta. Fuentes municipales confirman a ABC que se tiene constancia de este caso aunque todavía se investiga sobre lo ocurrido. Por su parte, la afectada no descarta que haya podido ser un error, aunque reincide en la paradoja de que los falsos inquilinos estén protegidos y ella no poder saber quién consta como inscrito en su casa. Y sobre todo que no haya que avisar al propietario cuando alguien se empadrona en un inmueble.