Siguiendo la estela de La Haya y Utrecht, la capital neerlandesa acaba de restringir la publicidad de coches de combustión, vuelos, cruceros y carne en espacios públicos. ¿El objetivo? Combatir la normalización de la generación de emisiones contaminantes. Conocida como la ciudad de las bicicletas, Ámsterdam es la primera capital europea en prohibir la publicidad ligada a los combustibles fósiles.La ciudad de Ámsterdam ha decidido que la lucha contra el cambio climático también puede librarse en los escaparates, las marquesinas o las estaciones de metro. Desde mayo de 2026, la capital de los Países Bajos ha puesto en marcha una de las medidas más ambiciosas en materia de publicidad sostenible: la prohibición de anuncios de productos y servicios asociados a altas emisiones de carbono, como coches de gasolina y diésel, vuelos, cruceros, o productos cárnicos. La iniciativa convierte a Ámsterdam en la primera capital de Europa —y del mundo— en aplicar una restricción de este tipo. La medida afecta a todos los espacios públicos gestionados por el Ayuntamiento, incluidos autobuses, tranvías, estaciones de metro, vallas publicitarias y soportes urbanos donde hasta ahora era habitual encontrar promociones de aerolíneas, hamburguesas o vehículos de combustión. El objetivo no es poca cosa: reducir la normalización de un modelo de consumo basado en combustibles fósiles y en hábitos alimentarios de alto impacto ambiental. Para las autoridades neerlandesas, no tiene sentido invertir recursos públicos en políticas climáticas mientras se permite que la publicidad municipal impulse precisamente aquello que más contribuye al calentamiento global.Menos publicidad para cambiar hábitosLa filosofía detrás de esta decisión parte de una idea sencilla: la publicidad no solo vende productos, también legitima estilos de vida. Y si las calles están llenas de mensajes que asocian la felicidad con volar más, el éxito con conducir un SUV o el placer con consumir más carne, cambiar hábitos resulta mucho más difícil.The city of Amsterdam has banned public advertising for meat in an effort to curb climate change.Rumor has it that this should really be effective for net zero goals. pic.twitter.com/ARGdRD0oaF— Chris Martz (@ChrisMartzWX) May 11, 2026Desde el Ayuntamiento y los partidos impulsores de la medida —GroenLinks y el Partido por los Animales— defienden que la comunicación institucional debe ser coherente con los objetivos de sostenibilidad climática. La ciudad busca reducir emisiones, fomentar dietas más sostenibles y acelerar la transición energética, por lo que seguir alquilando espacios públicos a industrias altamente contaminantes suponía una contradicción política evidente. Así que ha puesto en marcha una medida comparable a las restricciones a la publicidad del tabaco. Si en su día se limitó la promoción de cigarrillos por motivos de salud pública, ahora muchas administraciones consideran que los combustibles fósiles merecen un tratamiento similar por su impacto climático.Artículo relacionadoEl cambio climático está alterando el sabor de lo comes y cada vez lo notaremos másNo es casualidad que el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres, haya pedido abiertamente prohibir la publicidad de petróleo, gas y carbón, acusando a la industria fósil de practicar un “greenwashing descarado” mientras retrasa la acción climática global. La carne, incluida en las restriccionesUno de los puntos más llamativos de la norma es la inclusión de la carne dentro de los productos vetados. No solo desaparecen los anuncios de vuelos o coches contaminantes; también se limitan campañas de hamburguesas, carne de vacuno, pollo o cerdo en espacios municipales.Los impulsores de la medida recuerdan que la industria de la carne es una de las fuentes más importantes de emisiones de gases de efecto invernadero.La razón está en el peso climático del sistema alimentario. Diversos estudios señalan que la industria ganadera representa una parte importante de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, especialmente por la producción intensiva de carne roja. Según datos citados por distintos organismos climáticos, el sector ganadero puede representar entre el 14% y el 18% de las emisiones humanas totales. Ámsterdam ya había mostrado su intención de impulsar una alimentación más vegetal con su adhesión al Plant Based Treaty (una iniciativa global que busca complementar el Acuerdo de París) y con políticas orientadas a reducir el consumo de carne. La nueva regulación publicitaria refuerza esa estrategia. No se trata de prohibir comer carne, sino de dejar de promocionarla desde el espacio público como si fuera un producto neutro desde el punto de vista ambiental.Una tendencia que crece en EuropaAunque Ámsterdam marca un hito por su dimensión simbólica como capital europea, no está sola en esta política. Otras ciudades neerlandesas como La Haya, Haarlem, Utrecht o Delft llevan impulsado restricciones similares desde 2024.La Haya fue pionera en la prohibición legal de anuncios de productos de alta huella de carbono, como cruceros o vuelos de corta distancia, y un tribunal neerlandés respaldó posteriormente esa decisión frente a las impugnaciones de la industria turística. Is this too extreme... or warranted?Since May 1, the iconic Dutch city has indeed banned ads for flights, cars, and even meat in its public advertising spaces. This is to bring them in line with the city's climate objectives.It's the first capital city in the world to pic.twitter.com/nLklwmiW5T— Flytrippers (@Flytrippers) May 12, 2026Fuera de Países Bajos, ciudades como Estocolmo, Edimburgo o Sídney también han avanzado en limitaciones similares, mientras España estudia una normativa estatal que podría convertirla en el primer país en aprobar una prohibición nacional de publicidad fósil en determinados sectores. En total, más de 50 ciudades del mundo ya han restringido o estudian restringir este tipo de anuncios, lo que demuestra que la regulación publicitaria empieza a consolidarse como una nueva herramienta de política climática.Críticas de las industrias afectadasComo era de esperar, la medida no está exenta de polémica. Asociaciones de anunciantes, operadores turísticos y representantes de la industria cárnica consideran que esta prohibición supone una limitación de la libertad comercial y una interferencia en las decisiones de consumo de los ciudadanos.Desde el sector turístico se cuestiona especialmente el veto a los vuelos y destinos lejanos, mientras la industria cárnica denuncia que se trata de una forma indirecta de condicionar la dieta de la población.Artículo relacionadoEl plan científico para salvar el planeta de las emisiones de la aviación: replanificar las rutas aéreas Sin embargo, los defensores de la norma responden que no se prohíbe comprar esos productos, sino utilizar el espacio público financiado por todos para promover actividades incompatibles con los objetivos climáticos.Así, la batalla climática ya no se libra solo en las cumbres internacionales: también se juega en las calles, en las vallas publicitarias y en aquello que una ciudad decide normalizar ante los ojos de la ciudadanía.