Cuando los ciudadanos de media Europa todavía no han olvidado las jornadas de intenso calor vividas la pasada semana se vislumbra en el horizonte un nuevo episodio de altas temperaturas que puede convertirse en la segunda ola de calor de un verano que apenas despide a junio. Las consecuencias del cambio climático se dejan notar no solo en el ambiente sino también en el plano energético, donde lo extremo de las condiciones actuales obliga a paralizar la actividad de fuentes de generación como algunas centrales nucleares del Viejo Continente. El ejemplo más reciente de esta situación se localiza en el norte de Suiza, donde la central nuclear de Beznau se vio obligada a detener por completo la actividad de sus dos reactores el pasado viernes, tal como apunta TechXplore. El operador de la planta, la compañía Axpo, ha tenido que tomar esta medida de seguridad debido a que el caudal del río Aare, cuyas aguas se utilizan para la refrigeración de las instalaciones, ha alcanzado una temperatura de 25 grados centígrados.Cuestión de seguridad y de protección del ecosistema El grupo Axpo mantiene no obstante la vigilancia sobre la temperatura del río Aare de cara a retomar la actividad en la central nuclear de Beznau, una de las plantas nucleares más antiguas del mundo y que se encuentra operativa desde 1969. Para ello, resulta fundamental que se produzca un enfriamiento del agua que fluye o una previsión de descenso de sus temperatura, tal como ha expresado la propia energética: "Una vez que el río se enfríe o se prevea un enfriamiento suficiente, (Beznau) podrá planificar la reactivación de sus reactores".Hay dos puntos por los que resulta clave tomar una medida de este tipo en relación a las centrales nucleares y su cese de actividad ante episodios de calor extremo. El primero de ellos tiene que ver con el nivel de producción de la propia planta; el otro, está más ligado al ecosistema de cuanto habita en los alrededores y en el río que ayuda a la refrigeración de la planta.Para mover las turbinas que generan electricidad dentro de la planta nuclear hace falta vapor de agua. Ese vapor se genera gracias al caudal que se emplea para enfriar los reactores, cuya producción calórica es inmensa. En el caso de abastecer el circuito con agua que accede a una alta temperatura, su potencial de absorber el calor del reactor disminuye y con él la capacidad de condensar el vapor al ritmo necesario. En ese punto, cae la producción y por seguridad de la propia instalación se exige el cese de actividad antes de que el sistema se sature.El segundo punto mira al apartado medioambiental y trata de proteger la flora y la fauna de la zona. Con un caudal a una temperatura de 25 ºC, cualquier paso por las instalaciones nucleares haría que el agua volviese al río Aare a una temperatura extremadamente elevada, comprometiendo el ecosistema. Con más grados de los que debería llevar, se reduce el porcentaje de oxígeno, lo que puede provocar un incremento de la mortandad en las especies fluviales de la zona.Como hemos visto, la situación vivida en Beznau no es nueva ni la primera que se produce este verano en el ámbito de la generación atómica, aunque el hecho de superar barreras climáticas que no se veían en 80 años en localidades como Basilea, muy próxima a la central nuclear de Beznau, exigen la toma de medidas en materia de seguridad. El parón de esta instalación se suma a los dos apagones en centrales nucleares decididos por Francia como medida de protección ambiental y demuestra que el cambio climático y las temperaturas extremas comprometen el sistema energético del continente.