El camino hacia la 38 Copa América ya navega a toda velocidad. El La Roche-Posay Racing Team puso este lunes un nuevo hito en su campaña al botar su renovado AC75 en la base de Lorient, convirtiéndose en el tercer desafío que vuelve al agua de cara a Nápoles 2027 y en el primero en hacerlo desde territorio francés. El regreso del monocasco marca el inicio de una nueva fase para el equipo galo. Después de meses de desarrollo en talleres, simuladores y laboratorios de ingeniería, llega el momento de validar sobre el agua el trabajo realizado por técnicos e ingenieros en una embarcación que, aunque mantiene el casco utilizado en la pasada edición de Barcelona, ha sido profundamente transformada para adaptarse al nuevo reglamento de la Copa América. La primera imagen del AC75 sorprendió también por su nueva decoración, dominada por los colores azul y blanco de La Roche-Posay, incorporada hace apenas tres meses como patrocinador principal del proyecto. La alianza trasciende el ámbito deportivo y convierte al equipo francés en un laboratorio de investigación en condiciones extremas para el desarrollo de nuevos protocolos de protección solar y cuidado de la piel aplicados al deporte de alto rendimiento. La botadura posee además un importante valor simbólico. Es la primera vez que un mismo desafío francés afronta dos campañas consecutivas de la Copa América, un síntoma de la consolidación de un proyecto que aspira a competir de igual a igual con las grandes potencias de la vela internacional. El reglamento obliga a reutilizar el casco de la edición anterior, pero prácticamente todo lo demás ha cambiado. La cubierta, los puestos de gobierno, los sistemas hidráulicos y eléctricos, la distribución de pesos y la ergonomía de la tripulación han sido rediseñados para responder a una filosofía completamente distinta de navegación. «Desde fuera el barco puede parecer el mismo, pero técnicamente hemos replanteado toda su arquitectura», explica el director técnico del equipo, Antoine Carraz, convencido de que la clave de esta generación de AC75 estará en la integración de los sistemas más que en el diseño del casco. Entre las principales novedades destaca la reducción de la tripulación, que pasa de ocho a cinco regatistas, con la obligatoriedad de contar con al menos una mujer a bordo. Una modificación que obliga a redefinir completamente el reparto de funciones y el diseño de los puestos de trabajo dentro del barco. También desaparecen los ciclistas, los regatistas encargados de generar energía pedaleando durante la pasada edición. A partir de ahora toda la gestión energética dependerá de baterías, un cambio que obliga a optimizar hasta el último vatio disponible y convierte la eficiencia energética en uno de los grandes factores de rendimiento. Tras meses de simulaciones digitales, cálculos estructurales y ensayos en banco, el equipo inicia ahora el proceso más importante de toda la campaña: comprobar que la realidad coincide con lo previsto por los ordenadores. Las primeras navegaciones estarán centradas en verificar la fiabilidad de todos los sistemas antes de comenzar el desarrollo de los foils, los timones y el resto de elementos que marcarán las diferencias en la lucha por la Copa. «No buscamos inmediatamente la máxima velocidad. Primero debemos comprobar que todo funciona exactamente como esperamos y, a partir de ahí, aumentar progresivamente el nivel de exigencia», señala Carraz. Cada salida al agua generará miles de datos que serán analizados por los ingenieros y comparados con las sensaciones de los regatistas en un proceso continuo de evolución que acompañará al equipo hasta Nápoles. El regreso al agua del AC75 representa también un importante impulso para la ingeniería francesa. Diseñado en Vannes y desarrollado desde la base de Lorient, el proyecto reúne a especialistas en materiales compuestos, electrónica, hidráulica, simulación, inteligencia de datos e ingeniería naval, generando un importante impacto tecnológico y económico. Para Stephan Kandler, consejero delegado de K-Challenge, la botadura simboliza mucho más que el regreso de un barco al mar. «Representa el trabajo realizado durante meses por nuestros ingenieros, técnicos y regatistas. Ser el tercer equipo en volver al agua demuestra el impulso que ha adquirido nuestro proyecto y marca el inicio de una nueva etapa con un objetivo muy claro: seguir mejorando cada día para llegar a Nápoles 2027 en las mejores condiciones». Con este primer ensayo en Lorient, el desafío francés inicia la fase decisiva de su campaña. El casco es reconocible, pero el barco que competirá por la America's Cup es, en realidad, una máquina completamente nueva.