La Luna pudo hacer mucho más que mover las mareas: también habría agitado el corazón líquido de la Tierra primitiva. Un nuevo modelo apunta a un océano de magma oculto bajo el manto

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Un nuevo trabajo disponible en arXiv propone que las mareas lunares pudieron actuar sobre una antigua frontera profunda entre el núcleo metálico líquido de la Tierra y un océano basal de magma. Esa resonancia habría amplificado los flujos internos y podría ayudar a explicar cómo se sostuvo el campo magnético terrestre antes de que empezara a crecer el núcleo interno.