El Parlamento andaluz rechaza la reelección del presidente popular con los votos de PSOE, Vox, Adelante Andalucía y Por Andalucía, pero la ultraderecha y el PP ya escenifican complicidad para desbloquear la legislatura en la votación del jueves. "Esta investidura es un fraude, se le hurta a la Cámara la letra pequeña [del pacto]", denuncia MonteroVox anticipa el 'no' a la investidura y marca el camino a Moreno: "Sí a la prioridad nacional, no al fanatismo climático" El Parlamento andaluz ha tumbado la investidura de Juan Manuel Moreno como presidente de la Junta con el rechazo de todos los partidos, excepto el PP, que este martes necesitaba una mayoría absoluta que no tiene a falta de dos escaños. Moreno negocia un pacto de legislatura con la ultraderecha, pero Vox ha ordenado apurar las próximas 48 horas para que el barón popular -referente de la derecha moderada- asuma los mismos postulados que impusieron a sus compañeros en Extremadura, Aragón y Castilla y León: “Sí a la prioridad nacional, no al fanatismo climático”, le ha espetado el líder andaluz de la ultraderecha, Manuel Gavira. Esas 48 horas son el plazo legal que estipula el reglamento de la Cámara para volver a someter a votación su investidura. Entonces le bastará la mayoría simple, es decir, que cuatro diputados de Vox se abstengan, pero el partido de Santiago Abascal ha dejado claro que no está aquí como mera comparsa ni para facilitar un Gobierno en solitario del PP: trabajan por el 'sí' y para eso exigen a Moreno un compromiso de máximos, “con plazos concretos y garantías de cumplimiento”. Y con el subrayado de la “prioridad nacional”, el sintagma antiinmmigrante que ya han colado a tres gobiernos autonómicos. El cara a cara entre Gavira y Moreno ha acaparado el máximo interés de los 109 parlamentarios, sumidos en un silencio monacal cuando jugaban a regatearse sin dejarse caer al suelo. El mood ha cambiado en las últimas 24 horas. Este martes no han llegado, desde Madrid, interferencias abruptas de la dirección nacional de Vox, que inviten a pensar en una travesía larga hasta la reelección del candidato, ni en un especial ensañamiento para hacer sudar sangre a Moreno, como ocurrió el lunes. “Estamos más cerca, estamos mejor que ayer”, dicen fuentes populares, que ansían cerrar el pacto en las próximas 48 horas y que su líder tome posesión el sábado. “Lo peor ya ha pasado”, avisan. Gavira ha pedido explícitamente la prioridad nacional, y Moreno no ha recogido el guante -aún- de ese “eslogan vacío”, como lo tildó en la pasada campaña electoral, pero comenzó a desandar el camino que le separaba de la ultraderecha, mezclando el debate sobre inmigración con el de inseguridad, delincuencia y narcotráfico. PP y Vox han metido en un cajón las herramientas con las que se han atizado los últimos cuatro años -“por el bien de los andaluces”- e inauguran una nueva etapa de concordia, que aún debe aflorar en un acuerdo político por escrito. No se trabaja aquí con un plan B a éstee, pero el conocido regusto de los de Abascal por los giros de guión y las sorpresas de última hora -como dejaron patente en la primera legislatura que apoyaron a Moreno- mantiene abierto el margen de incertidumbre. Es cierto lo que dicen de sí mismos: son previsibles, incluso cuando les gusta mostrarse imprevisibles. En una ocasión escondieron el sentido de su voto a unos Presupuestos Autonómicos -con el Gobierno de PP y Ciudadanos en vilo- hasta el mismo momento de la votación en el Pleno. De modo que todo lo que se dilate la negociación del acuerdo andaluz depende en exclusiva del timing que orqueste Vox, no del PP, y todo lo que se dilate será una demostración del poder que tienen como llave de gobierno, y de la dependencia que tiene de ellos Moreno. El objetivo común: derrocar a Sánchez en 2027 El debate de investidura, que arrancó a mediodía del lunes y terminó este martes con la votación, casi a las siete de la tarde, ha durado casi nueve horas con intervalos. Juanma Moreno no tenía límite de tiempo ni para su discurso inicial ni para responder a sus rivales, que sí tenían tasado los minutos. El presidente de la Junta en funciones se ha marchado sin acuerdo con la ultraderecha, pero tanto él como Gavira han escenificado un acercamiento evidente de posturas, fajados hoy al unísono en la principal razón de ser de su pacto: minar al Gobierno de Pedro Sánchez, arrinconar a las izquierdas, y allanar el camino de Feijóo y de Abascal a la Moncloa en 2027. La decimotercera legislatura en Andalucía es un regreso a 2019, cuando irrumpe por primera vez un gobierno de derechas tras 37 años de socialismo en el poder. Todo huele a déjà vu, excepto al estado de alarma en la izquierda: hace ocho años, el líder de IU, Antonio Maíllo, de desgañitó en su primera intervención llamando fascistas a los primeros 12 diputados de la ultraderecha en España, presentes en el Parlamento andaluz, mientras una multitud de personas rodeaba por fuera la Cámara en señal de protesta. La fisonomía del Parlamento andaluz, tras las elecciones del pasado 17 de mayo, es parecida a aquel primer mandato y no muy distinta, en realidad, a la pasada legislatura: las derechas vuelven a cabalgar juntas, PP y Vox hacen ostentación de sus parecidos, orillan sus diferencias, y unen fuerzas contra el bloque de izquierdas, al que Moreno ha calificado “el bloque del bloqueo”. Hoy, con el primer no a la investidura, también ha empezado la cuenta atrás para la repetición electoral. Pero ningún partido contempla ese escenario, aunque el candidato popular ha sacado a paseo el fantasma y le ha puesto fecha: sería el próximo 25 de octubre (los dos meses preceptivos desde hoy). Del discurso de Moreno se desprenden dos ideas: que sin Vox es imposible arrancar esta legislatura ni formar gobierno, y que con Vox tiene que entenderse, no porque sea su “socio preferente”, sino porque “es el único partido que se ha ofrecido”. Esto último, verbalizado por el consejero de Presidencia en funciones y mano derecha de Moreno, Antonio Sanz, le ha molestado a los de Abascal. “Esto no suma y no ayuda”, le había dicho Gavira. El popular se ha excusado argumentando que trataba de subrayar la “irresponsabilidad” de las izquierdas, que dejaron claro que ni facilitarían su investidura ni apoyarían que buscase amparo en los votos de Vox. “Ni comen ni dejan comer”, dijo por la mañana, para explicar que estaba abocado a entenderse con la ultraderecha “cuanto antes”. “Nos gustaría llegar a un acuerdo con Vox, sí. Aquí no hay trampa ni cartón”, sentenció. María Jesús Montero interviene en el debate de investidura de Juanma Moreno, en el Parlamento andaluz. Montero: “Esta investidura es un fraude” Y fue sobre este marco mental en el que llegó María Jesús Montero a la tribuna del Parlamento andaluz, del que salió en 2018, cuando aún gobernaba el PSOE esta comunidad, para formar parte del primer Ejecutivo de Sánchez. “Por la misma regla de tres, si resulta que las izquierdas somos responsables de los acuerdos que usted va a llegar con Vox, entonces en el Gobierno de España usted es responsable de los acuerdos con los independentistas. El embudo funciona en ambos sentido”, le espetó. La socialista fue durísima en su primera réplica a Moreno, al que llegó a tildar de “fraude”. “Ha convertido esta sesión de investidura en un fraude, probablemente poorque usted es un fraude en política: dice una cosa y hace otra”, dijo. Montero afeó al presidente andaluz de haber escondido su proyecto político, a sabiendas de que hoy depende de los postulados de la ultraderecha. “Ha convertido esta sesión de investidura en una tertulia que no nos lleva a ninguna parte, por debajo de la mesa se está negociando la letra pequeña que se ha hurtado a este Parlamento”, dijo. La intervención de Montero convirtió el debate de investidura en otra cosa muy distinta: una suerte de sesión de control al Gobierno de Pedro Sánchez, más bronco, más descarnado, y con un Juanma Moreno olvidándose por momentos de que estaba allí para presentar sus credenciales para la reeleción, y no para fiscalizar el pasado lejano y reciente de la exvicepresidenta del Ejecutivo. La réplica de Moreno a la socialista fue durísima y se dedicó tanto a ello -56 minutos en el primer tiempo, y unos 25 minutos en el segundo- como al que necesitó para su discurso de investidura. Aunque atizar a Montero también forma parte del canto de sirenas que quiere escuchar Vox. El dirigente popular se armó con todo el arsenal: el pacto con el independentismo catalán, el agravio a Andalucía, los acuerdos con Bildu, la condena de 24 años de cárcel a Ábalos y de 19 años a Koldo, el caso Cerdán, “los collares de Zapatero”, la imputación de la presidenta de la Sepi, la corrupción... La bancada popular, con sus 53 diputados y el consejo de Gobierno en funciones, animaron con ruido de fondo durante la intervención de la socialista, obligando al presidente del Parlamento a parar el reloj varias veces. La crispación entre los diputados populares y socialistas fue la más visceral del debate. 56 minutos ha durado la réplica de Juanma Moreno a María Jesús Montero, más en formato control al Gobierno de Sánchez que de una investidura de Moreno. La dirigente socialista, con su mera presencia en el Parlamento andaluz, hace más por el pacto PP-Vox que cualquier negociación. El dirigente popular se ha explayado en atacar a la líder del PSOE-A por tierra, mar y aire, sin límite de tiempo, cargando sobre sus hombros su responsabilidad como número dos del Gobierno de Sánchez. “Usted, que dice que ha sido la mujer con más poder en España desde Isabel la Católica, ¿por qué no usó todo ese poder para invertir más dinero del Estado en Andalucía”, le ha dicho. Montero le ha recorado que la etapa de Sánchez ha aportado 60.000 millones de euros más a Andalucía que la etapa anterior, de Mariano Rajoy, y ha defendido con uñas y dientes su propuesta de reforma del modelo de financiación autonómica. “Usted no puede presentar una alternativa porque no se pone de acuerdo con otros presidentes autonómicos del PP. Hasta ahora, el Gobierno de Sánchez propone 5.000 millones más para Andalucía, y usted cero”. El momento más crítico entre el popular y la socialista tuvo que ver con la crisis de los cribados de cáncer de mama, el momento más delicado de los casi ocho años de gobierno de Moreno, que se llevó por delante a la cúpula de la Consejería de Salud. “Ahora mismo, de los casos de los cribados, no ha fallecido ninguna mujer afortunadamente”, dijo el presidente andaluz, provocando una protesta unánime de todos los diputados de izquierdas, que hizo a Moreno dudar y mirar de reojo a su consejero de Sanidad, Antonio Sanz, como buscando la aprobación. La Junta siempre se ha negado a confirmar o desmentir si murió alguna de las 2.317 mujeres víctimas de los diagnósticos tardíos del cribado de cáncer, escudándose en la Ley de Protección de Datos. El PSOE ha demandado el número, no los nombres y apellidos de las posibles víctimas, pero Sanz no ha respondido y Moreno, fuera de la Cámara, siempre ha dicho que “no le consta” muerte alguna. Hoy es la primera vez que asegura esto en sede parlamentaria y Montero, en la última réplica, le ha vuelto a pedir los datos: “¿Cuántas han fallecido? ¿Cuántas han tenido que hacerse una masectomía?”. Este primer duelo entre el dirigente del PP y la jefa socialista de la oposición anticipa un estreno de legislatura bronco, anexo de la crispación que inunda el Congreso de los Diputados, con los socios del futuro Ejecutivo andaluz fiscalizando al PSOE-A. Será la dinámica hasta las municipales y generales de 2027. La propia Montero tropezó en la trampa al usar parte del debate de investidura de su oponente para defender al Gobierno de Sánchez. Terminó este debate, que debe ser un punto de lanzamiento de una legislatura en Andalucía, como un epílogo de las últimas elecciones autonómicas, o como preámbulo de la campaña de las generales. Moreno habló de “corrupción generaliza y sistémica en el PSOE, que es insoportable, sonrojante y bochornoso”, pidiéndole explicaciones a la dirigente socialista, que ya no tenía turno de réplica para responder. “La imagen que estamos dando del Parlamento andaluz es patética”, ha dicho el presidente de la Cámara, el popular Jesús Aguirre, incapaz de apaciguar la bronca entre los diputados socialistas y populares. Los últimos diez minutos de intervención de Juanma Moreno, en su debate de investidura, han girado en torno a la corrupción del PSOE, que ha sugerido que Montero está implicada en los casos de corrupción que salpican a su partido, del que aún es vicesecretaria general. “Usted tenía que saber algo”, ha dicho. “¿Usted está diciendo que yo voy a estar imputada?”, le había preguntado ella, ofendida. Como colofón, el portavoz del PP andaluz,Toni Martín, tomó la palabra final, recordó que hoy era el día del parlamentarismo y, acto seguido, volviéndose a la bancada socialista, ha dicho: “Son ustedes la vergüenza del parlamentarismo en España y en Andalucía”. Pasadas las seis de la tarde, el presidente del Parlamento ha sacado un número al azar -entre los 109 diputados- para elegir al primero que debía votar la investidura de Moreno, y salió elegido Manuel Gavira, líder de Vox. Risas por fin en la Cámara por la puntería de Aguirre. El primer voto tumbó la investidura del candidato popular.