Entrevista a Monseñor José Ignacio Munilla:

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En Primeros Cristianos, durante el viaje en el tren que ha transportado a la Conferencia Episcopal Española hemos tenido la oportunidad de conversar con Monseñor José Ignacio Munilla, actual obispo de la diócesis de Orihuela-Alicante, ampliamente reconocido por su cercanía y su especial atención a los jóvenes.Destaca, de manera muy particular, por su incansable labor de evangelización a través de los medios de comunicación y su compromiso con la difusión del mensaje del Evangelio en el «continente digital». Gracias a su activa presencia en redes sociales y a su histórico programa Sexto Continente en Radio María, se ha convertido en una voz pastoral de referencia en habla hispana.En la siguiente entrevista, ha querido compartir con nosotros su visión sobre la visita del Papa a Madrid.PC: Monseñor, entre los grandes mensajes que ha dado el Papa en España usted ha destacado el del Congreso, ¿por qué lo considera histórico?D. José Ignacio Munilla: Hemos podido ver el espectáculo de un congreso con un aplauso histórico, en el que uno casi tenía miedo de ser el primero en dejar de aplaudir. Yo creo que, más que un aplauso por convicción, fue un aplauso por no quedarse "fuera de juego", vamos a ser claros. Esa es la lectura que yo haría.Sin embargo, los días previos al evento hubo una altísima crispación y preocupación, incluso dentro de la Iglesia. Existía el temor de que el Papa estuviera cometiendo un error estratégico al meterse en lo que muchos consideraban la "boca del lobo". Algunas personas de iglesia temían que el Pontífice se estuviera exponiendo a un escenario hostil donde sus palabras serían irremediablemente manipuladas, tergiversadas o instrumentalizadas por los partidos políticos para generar más confrontación, o incluso para legitimar a líderes cuestionados, dándoles lo que algunos llamaban un "balón de oxígeno a los corruptos". Pero frente a estas reticencias, yo he sido tajante: no se le puede ceder la victoria al demonio. Dejarnos paralizar por el miedo a la manipulación mediática o política sería renunciar a anunciar el Evangelio. El objetivo del papa León XIV no era lograr un "eco político" ni refrendar ideologías, sino suscitar "conversiones silenciosas" en el corazón de nuestros representantes públicos.Como iba diciendo, muchas personas, incluso dentro de la misma Iglesia de España (obispos, sacerdotes y laicos que temían una encerrona que nos perjudicara), echaron el grito al cielo. "¿Pero a quién se le ha ocurrido esta iniciativa?", se preguntaban. Yo creo que es una iniciativa que salió del mismo Papa.Esto es fundamental porque desmitifica el cálculo diplomático. Demuestra que la visita no fue una estrategia milimetrada de la Nunciatura o de la Conferencia Episcopal, sino una decisión directa y audaz de León XIV. Él priorizó su deber profético y pastoral por encima de la prudencia humana. Asumió el riesgo personal de pisar un terreno resbaladizo porque creía en la necesidad imperiosa de hablar directamente a las conciencias de los gobernantes.PC: ¿Y qué diagnóstico extrae del mensaje que transmitió el Papa una vez en el atril?D. José Ignacio Munilla: Siempre invito a no hacer una lectura puramente sociológica o política de su discurso. El núcleo de su intervención fue dejar claro que esta polarización extrema y la incapacidad de la clase política para llegar a acuerdos no son meros fallos del sistema parlamentario, sino síntomas de un "corazón humano herido por el pecado". El Papa no fue allí a darles una clase de gobernabilidad, sino que ofreció un diagnóstico antropológico y espiritual. Hizo una llamada al diálogo honesto, instando a los diputados a dejar de insultarse sistemáticamente y a trabajar unidos por el bien común.PC: Usted ha destacado que el discurso fue una magistral síntesis de la Doctrina Social de la Iglesia, superando el habitual partidismo que rodea estos temas...D. José Ignacio Munilla: Exactamente. El mayor logro intelectual y pastoral de León XIV fue que no presentó un catálogo de reproches ni un programa electoral. Logró superar ese "picoteo ideológico" al que nos tiene acostumbrados la política moderna. Es muy habitual que los partidos de izquierda nos aplaudan cuando la Iglesia habla de justicia social, pobreza o atención a los migrantes, y que los de derecha nos ovacionen cuando defendemos a la familia o el derecho a la vida.Sin embargo, el Papa les presentó el "paquete completo" y holístico del Evangelio. Recordó que la base de todo Estado democrático debe ser la defensa innegociable de la vida humana en todas sus etapas (desde el niño no nacido hasta el anciano enfermo o el migrante que llega a nuestras costas), y a la vez reivindicó la justicia social, la solidaridad y la subsidiariedad como pilares de la convivencia. Demostró que la Doctrina Social de la Iglesia no encaja en las etiquetas de "izquierdas" o "derechas"; las trasciende y las interpela a todas por igual. Les recordó que la verdadera política debe mirar siempre al bien común integral del ser humano, sin recortar aquellas partes que resultan incómodas para su ideología.PC: Esos 7 minutos de aplausos ininterrumpidos y transversales llamaron muchísimo la atención. En su programa Sexto Continente en Radio María se preguntaba cómo explicar semejante ovación en un hemiciclo tan dividido.D. José Ignacio Munilla: Mi respuesta es rotunda: lo defino como un verdadero "Kairós de Dios", un tiempo de gracia, el momento oportuno de Dios. Esa ovación evidenció que, más allá de las trincheras ideológicas, las conciencias de los políticos se vieron genuinamente interpeladas. La autoridad moral del Santo Padre logró perforar la coraza partidista, demostrando que la verdad, expuesta con libertad y sin ataduras políticas, tiene el poder de unificar hasta a los más divididos.PC: Para terminar, usted enmarca esta visita dentro del carácter valiente del pontificado de León XIV, trazando un paralelismo con sus posturas en la geopolítica mundial. ¿Qué lecciones debemos extraer de esta actitud?D. José Ignacio Munilla: Entrar en el Congreso español sin miedo a la crítica es exactamente la misma actitud libre que el Papa ha mantenido en el mundo. Recordemos cómo denunció duramente la escalada bélica en el mundo. Pues bien, esa misma firmeza evangélica, capaz de enfrentar al hombre más poderoso del mundo, es la que el Papa utilizó para plantarse ante las Cortes españolas: sin complejos, sin miedo a mancharse y confiando plenamente en la fuerza transformadora del Evangelio.Entrevistador: ¿Podría contarnos alguna anécdota que haya vivido con el Santo Padre?José Ignacio Munilla: Bueno, la verdad es que yo como anécdota, que creo que no es anécdota, he escrito un artículo sobre el Papa de los bebés. Creo que ha habido un signo continuo, continuo, continuo: la llegada de las familias con niños al papá. Eso ha sido un reguero ¿no? Creo que fue en en la cadena 4 donde escuché un comentario: "le van a llamar el Papa de los bebés", y yo dije: "A ver, eh, no es novedoso que los papás, eh, bendigan bebés, eso siempre se ha hecho".Pero en este caso pienso que ha habido una inusitada demanda de tal cosa, y yo creo que es porque en este momento llevar adelante la vida, traer la vida al mundo, es heroico. Es un acto de confianza en Dios, que muchas veces no sólo con la sociedad sino incluso hasta con críticas internas de la propia familia para ser generosa la transmisión de la vida.En estas circunstancias pienso que los padres sienten la necesidad de pedir la bendición de Dios porque se dan cuenta de que un hijo es fruto del milagro de la fe que se abre y confía en Dios, ¿no? Es por eso que piden a la Iglesia esa bendición. Yo creo que esa ha sido la anécdota, pero convertida en tesis. O sea, es una anécdota que es una tesis. La tesis de que es el cristianismo el que permite el futuro, que esta generación no se acabe en ella misma, sino que se abra una esperanza.¡Buen viaje Monseñor y muchas gracias por su tiempo!Albert Martínez OlivaAlberte Leis VidalJosep Del Hierro Dies