David Coria : «'Babel' refleja la diversidad de culturas que hay alrededor del flamenco»

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En el año 2024 el bailaor David Coria (Coria del Río, Sevilla 1983), volvía a su pueblo natal, del que pidió prestado el nombre para hacerlo apellido artístico, para recibir en el auditorio Pastora Soler el título de Coriano del Año en la categoría de Cultura y Humanidades. Y en la canícula de julio ha regresado al auditorio esta vez para dejarse la piel y el sudor en el ensayo del espectáculo que pondrá en escena en la próxima Bienal de Flamenco en el deseado Teatro Lope de Vega. 'Babel' es el título de esta nueva obra que ha podido verse el pasado 11 de junio en el Festival Montpellier Danse y que tendrá su estreno nacional el 29 de septiembre en la Bienal sevillana. Acompañado de la coreógrafa Luz Arcas , el cantaor jerezano David Lagos y el dramaturgo Alberto Conejero, David Coria ha elegido un elenco de siete bailarines de distintas nacionalidades para hacer hincapié en el título de su espectáculo. «Una de las cosas más importantes era jugar con las proximidades y parentescos entre culturas, porque no me interesa el mito bíblico de por qué Dios castiga la soberbia del hombre, sino por qué un pueblo que construye unido acaba fragmentándose, y de ahí deriva la reflexión de la fragmentación de los pueblos como estrategia de poder y me lleva automáticamente a pensar lo cerca que están las culturas las unas de otras». En la banda musical de esta obra, además del flamenco -fandangos, seguiriyas, romance...-, tratados a la manera de David Lagos, también hay una canción búlgara y una nana interpretada por una cantaora japonesa. Al mismo tiempo que se oye el hipnótico sonido de los tambores taiko del país nipón y los bailaores, con los palillos puestos a la manera de jota en el anular, los mueven enérgicamente mientras bailan por sevillanas rocieras, para culminar con un cinturón de castañuelas que una de las bailaoras mueve con las contorsiones árabes de cadera. Mucho tiene que ver Japón con Coria, y ese recuerdo le lleva al bailaor a cuando era pequeño. «Porque yo me siento profundamente arraigado con Coria, aquí me quieren mucho. Es un pueblo muy curioso por eso de que haya habido una colonia japonesa. Recuerdo que de chiquitito se celebraba en el colegio el día de Japón y a los que se apellidaban así les daban regalos, y yo también quería apellidarme Japón. Siempre intento tirar de mi entorno cercano, de mi pueblo, de mi raíz, de mi sociedad y del momento en el que vivo». Para el bailaor, «estamos viviendo un tiempo muy extraño. Yo no hablo de política, porque esto tiene más que ver con las relaciones humanas, y en algún momento, al margen de nuestras creencias y pensamientos, nos diremos: tú eres de carne y hueso igual que yo, ¿qué nos está pasando en este mundo tan oscuro con tanta confrontación? La obra se pregunta si aún es posible alzarse colectivamente en un tiempo atravesado por la fractura». Porque además, las raíces de David Coria son amplias y diversas. Su madre emigró a Brasil y estuvo en este país diez años. «Mi familia vivió veinticinco años en Lyon, yo ya nací en Coria, tengo una tía que vive en Brasil y un hermano en Alemania. Yo me siento ciudadano del mundo entero. En mi familia mi padre tuvo cinco hijos con su primera mujer, mi madre dos con su marido, eran siete y luego se juntaron ellos y nacimos cuatro más. Así es mi familia, soy heterogéneo por definición, y 'Babel' tiene mucho que ver desde esas pequeñas partes de cómo te conformas a ti mismo. Por eso me siento igual de responsable de mi entorno, aquí, en África o en América». Desde ese punto de vista la música del espectáculo también constituye una 'babel' en pentagrama. «Hay mucha mezcla y para mí era necesaria esta mezcolanza de culturas. Hay una nana japonesa, las percusiones taiko, mientras David Lagos canta por romance, un ambiente con el flautín que es como oriental pero que también se acerca al Rocío en las Marismas, luego con el clarinete se hace una parte con licencias centroeuropeas, está la voz búlgara y nos metemos en una sonoridades indúes con percusiones de tablas, las sevillanas rocieras a mi manera... la música debía reflejar ese imaginario que estuviera conectado de manera natural. 'Babel' refleja la diversidad de culturas que hay alrededor del flamenco». En la compañía, tres músicos y siete bailaores, la diversidad destaca. Hay una bailaora rusa, otra de Israel, un argentino, una japonesa, uno chileno, una sevillana. «Para mí esa diversidad era interesante porque todos están en Sevilla por y para el flamenco, y se han sentido atraídos por una cultura, y eso es un orgullo, que la cultura en la que me he criado la gente la quiera y la mime con esa delicadeza. Es interesante ver cómo viven y expresan el flamenco a través de cómo se han hecho en el flamenco pero dentro de su cultura, y lo interpretan dentro de su experiencias personales. Se siente algo diferente y eso es maravilloso». Los intérpretes son: Federico Núñez, Felipe Clivio, Kotoha Setoguchi, Lucía La Bronce, Polina Sofia y Yardén Amir. En la dramaturgia realizada por Alberto Conejero surgen algunas cuestiones como: ¿Qué lengua hablaba la humanidad antes de que 'se confundiera' el lenguaje para separarnos? ¿Qué pretendían realmente los habitantes de Babel en su afán común? «Todas estas preguntas nacen porque el mito de la torre de Babel sigue convocándonos, empujándonos a pensar y a pensarnos como comunidad», escribe Alberto Conejero. «Cuando nos proponemos algo desde un posicionamiento político se crean aristas y aspectos disonantes, y yo con 'Babel' quiero todo lo contrario, no es una provocación, sino destacar la riqueza de la diversidad», asegura el coreógrafo y bailaor coriano. En la coreografía destacan los momentos corales pero también las interpretaciones personales, además de los solos de David Coria y del resto del elenco. «Todo está muy enhebrado. Para mí era un reto personal no segmentar la partitura coreográfica en grupos y solos, sino que fueran transiciones donde repentinamente brotaran las individualidades. Aquí hablamos de comunidad y no tenía sentido segmentar, sino recoger individualidades del grupo, porque es el otro el que potencia tu baile, y además es importante el equilibrio coreográfico entre un solo y otro dentro de la masa que te arropa moral y escénicamente». 'Bailes robados', su anterior espectáculo, le dio muchas satisfacciones, entre otras, el premio Talía al mejor bailaor. «Para mí los espectáculos siempre son un peldaño anterior en el que me baso para llegar al siguiente y esa fisicidad que hice en lo 'Bailes robados' aquí imprega toda la obra. Este espectáculo es muy físico, cada día me interesa más este aspecto, cuando el cuerpo se va a un límite, por supuesto con técnica que es algo muy importante para mí, pero es interesante ver cuando llevas a tu cuerpo a un estado de calentamiento y luego de cansancio, cómo aparecen personalidades muy interesantes. Y me voy haciendo mayor y cada vez quiero más, porque me doy cuenta que ahí hay un motor interesantísimo que te define como persona». Reconoce haberse criado en el flamenco más tradicional, pero luego en el Ballet Nacional de España. «Bebí y me nutrí de los grandes que ya no están como Pilar López, Antonio Gades, José Antonio, y luego he podido trabajar con gente que me abrieron muchas puertas mentales. Y todo se filtra desde el flamenco. No conozco otra disciplina y no lo podría hacer desde la calidad de un pensamiento flamenco, porque eso configura el cuerpo de una manera muy determinada. Un contemporáneo hace eso y se vería raro, no sabría porqué, pero es raro. Al igual que si me ponen a mí en una compañía de contemporáneo, la gente diría: ese lo hace diferente. Nosotros estamos configurados con las líneas flamencas y de danza española, y eso te compone el cuerpo y la forma de estar en el escenario». Cree sin dudar que «el flamenco es la mejor danza contemporánea que existe en España. Es el arte más rico que podemos tener y extremadamente flexible, tanto que es una joya en sus vertientes más tradicionales y ortodoxas que por supuesto se tienen que conservar, pero es también tan moldeable que te vas a las vanguardias más 'avant garde' y sigue estando presente y sigue dándote contexto para hacer. Eso no te lo da ningún tipo danza ¿y por qué el flamenco sí? El flamenco es muy rico, engulle lo que le nutre y deshecha lo que no le sirve. Tiene tanta personalidad que es nuestro arte más vanguardista».