Hace cinco años, cuando en Vox entramos por primera vez en el Parlament de Cataluña, lo hicimos, por un lado, con la sospecha de que esa institución estaba profundamente corrompida y, por otro, con la convicción de que era necesario desmantelarla por completo. Pero lo que año tras año estamos viendo nos reafirma aún más en lo que pensábamos entonces. Y es que ya no solo nos encontramos con un elefante burocrático diseñado para el oasis de unos pocos, tal y como creíamos, sino con una desconexión total y absoluta entre lo que sucede en las moquetas del Parlament y el asfalto de nuestras calles. Se han aprobado unos nuevos presupuestos de la Generalitat. Unas cuentas públicas que llegan, una... Ver Más