La entrada de la generación Z al mercado laboral está tensando las normas tradicionales de oficina. Encuestas recientes muestran que muchos jóvenes ven aceptables prácticas como llegar tarde, salir antes, hacer “coffee badging” o tomarse vacaciones silenciosas. Pero detrás del fenómeno también hay burnout, falta de confianza y una demanda clara de flexibilidad.