Dolor, luto y llanto en Venezuela con las morgues llenas de un incierto número de cadáveres

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CARACAS.– El gobierno de Delcy Rodríguez decretó este miércoles duelo nacional durante siete días al cumplirse una semana del doble terremoto del día de San Juan. “Venezuela tiene el alma rasgada por las pérdidas humanas causadas por los devastadores terremotos… Hoy nuestra prioridad es una sola: proteger la vida de quienes sobrevivieron”, acuñó la presidenta encargada, que junto a su hermano Jorge ha decidido administrar gradualmente la cifra de víctimas, en medio de la opacidad.La controversia al respecto es enorme, porque nadie cree realmente que las cifras finales ni siquiera se acerquen al último parte emitido este miércoles, que asegura que los fallecidos son 2295 las personas y que los heridos son 11.267. Los damnificados se elevarían hasta 11.267.En estos momentos de tristeza abrazamos a quienes sufren esta tragedia y reafirmamos nuestro compromiso de acompañarlos y protegerlos. pic.twitter.com/eGOtAYk25u— Delcy Rodríguez (@delcyrodriguezv) July 1, 2026Pero por primera vez, el jefe del órgano legislativo revolucionario calculó que 30.000 vecinos y turistas se encontraban en Catia La Mar y Caraballeda, en la zona cero de La Guaira, en el momento de la tragedia. En torno a 13.500 habrían conseguido abandonar la zona por sus propios medios, más los 6500 que fueron rescatados en estos días, lo que suma 20.000.Por lo tanto, el gobierno apuntaría a una cifra de 10.000 víctimas mortales, que es la misma que manejan distintas fuentes consultadas por LA NACIÓN entre funcionarios públicos. Y que coincide con el número de bolsas para cadáveres que gestiona Naciones Unidas.En cambio, la iniciativa de la sociedad civil mantiene en sus registros que casi 40.000 personas no han sido localizadas transcurrido siete días de los terremotos, durante los cuales sí se habían encontrado a 15.737.Sobre el terreno la realidad es mucho peor a la apuntada por el gobierno. “Los forenses trabajamos en las morgues de Bello Monte (Caracas) y de La Guaria con las uñas (con lo mínimo) y en unas condiciones deplorables. Necesitamos apoyo de insumos, tapabocas e hidratación, comida y carpas. Y muy cerca hay un edificio en peligro de colapsar (en la zona costera). Trabajamos bajo un sol de justicia, sin apoyo y sin condiciones de bioseguridad. Los cadáveres con incontables”, certificó a LA NACIÓN uno de los profesionales forenses en la zona cero.Estos profesionales calculan que han recibido más de 5000 cadáveres en la zona marítima y al menos 600 en la capital. En otros organismos del Estado calculan que las víctimas mortales superarían la barrera de 10.000, pese a las cifras conservadoras que publica el gobierno.Transcurrida una semana de la tragedia, milagros y muerte compiten entre sí ante una sociedad que se niega a vivir sólo el duelo final y que sigue buscando a los suyos. “Sabemos que hay muchas personas con vida, pero ya no tienen fuerza para gritar y avisar a los grupos de rescate. Están deshidratados. Hoy temprano nos dieron fe que había siete niños en un departamento y el grupo de rescatistas de México estaba trabajando allí. Nosotros solo hemos conseguido personas fallecidas”, dijo a LA NACIÓN Álvaro Soto, quien forma parte de una brigada de médicos y voluntarios de Carabobo que ha trabajado y destajo y que se niega a abandonar la esperanza.En cambio, socorristas de Países Bajos estiman que las posibilidades de encontrar sobrevivientes son muy reducidas, por lo que abandonarán los rescates, convencidos de que hay que pasar a una segunda etapa característica de este tipo de tragedias.Si alguien sabe de derrotas y también de resistencia, esos son los venezolanos, pese a las tragedias que se suceden a su alrededor, empeñadas en convertirse en lo cotidiano. Entre constantes réplicas, 782 hasta ayer, el gobierno ha comenzado a instalar campamentos transitorios para los damnificados, pero hay otros espontáneos que han crecido por el miedo de la gente a regresar a edificios resquebrajados en una tierra que no deja de moverse.Entre ellos hay 150 niños que pernoctan a pie de su edificio en el Morro del Petare, la mayor favela de América Latina. Pasaron tanto pánico durante el doble terremoto que prefieren mantenerse en las carpas instaladas mientras unos pocos voluntarios los asisten en la contingencia.Una camioneta acaba de llegar cargada de comida, en una iniciativa de la gente de bien que tanto abunda en este país. Entre juegos se ponen en fila, tienen hambre. Y cómo ha llovido, mezclan fríos y calores. Y piden sopa caliente a sus nuevos amigos. “Es que les habíamos traído sandwiches de jamón y queso, pero ya les hemos hecho unas buenas sopas, sabrosas. Sus edificios están que se caen, por eso están en carpas”, señaló a este periódico Carlos Osorio, convertido en ángel de la guardia de los chiquitos que no paran de jugar.Pero entre las ruinas, además del trabajo a destajo para salvar vidas y la solidaridad infinita del buen venezolano también hay espacio para los malandras de uniforme. Un grupo de mujeres “arrechas” (valientes) se encaró con un agente de la policía judicial, que portaba su arma de reglamento, y que había sustraído un fajo de dólares y los llevaba en una bolsa. Las mujeres no dudaron en hostigarlo hasta que consiguieron romper los billetes. La denuncia corrió en redes sociales a velocidad de la pólvora, lo que forzó a los mandos policiales a detener y expulsar al agente Jonathan Burgos y a los tres agentes del cuerpo policial que robaban junto a él.“No toleraremos, bajo ninguna circunstancia, desviaciones policiales, actos de corrupción o conductas que vulneren el honor institucional o el dolor de las víctimas de esta emergencia”, advirtieron las autoridades tras los incontables capítulos sucedidos durante la semana.Milagros, muerte y polémica política sólo dos días después de que el gobierno venezolano impidiera su regreso a María Corina Machado, para lo que contó con el apoyo de Estados Unidos. Pese al llamado de una treintena de expresidentes de América Latina y España, Washington se mantiene como el principal soporte del chavismo reciclado y no duda en manifestarlo.“He visto con mis propios ojos el tamaño de este desastre. El camino es difícil, pero también he visto un compromiso importante no solamente de Estados Unidos y de los otros países, también de nuestros socios aquí con el gobierno interino”, afirmó taxativo John Barret, el jefe diplomático estadounidense en Caracas.