Durante buena parte del siglo XX, el sur de California usó zonas profundas del océano como vertedero industrial. Nuevos análisis de Scripps revelan que algunos barriles no contenían solo residuos asociados al DDT, sino desechos alcalinos capaces de crear halos blancos, endurecer el sedimento y alterar la vida microbiana del fondo marino más de 50 años después.