España está completamente preparada para ello, pero Países Bajos tiene que enfriar sus puentes para que no se derrumben por el calor por un motivo que aquí parece imposible no haber tenido en cuenta

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Las olas de calor se suelen medir en grados, noches tropicales y avisos meteorológicos. Pero las temperaturas altas también obligan a mirar hacia abajo: al asfalto, a las juntas de dilatación, a los mecanismos metálicos y a todo aquello que permite que una ciudad siga moviéndose. La infraestructura también acusa el verano cuando los materiales se expanden más de lo previsto.Por eso sorprende tanto la escena que ha llegado desde Países Bajos. En un país acostumbrado a convivir con el agua, la emergencia no ha venido de una inundación, sino de puentes regados para seguir funcionando. La imagen parece improvisada, aunque detrás hay una razón física muy concreta.En España, esa escena resulta extraña porque el calor forma parte del cálculo habitual. Carreteras, pasos elevados, viaductos y tableros se proyectan pensando en dilataciones amplias, cambios bruscos entre día y noche y veranos largos. En esa diferencia está la clave: la previsión térmica entra en el plano mucho antes de que llegue la primera alerta roja.Acero bajo tensión Today in the Netherlands they have to splash water on steel bridges to cool them down and avoid damage from the extreme heat. The costs of extreme weather are grossly underestimated now and in the future.#ClimateChange The future we want pic.twitter.com/aCYLYtAPEK— Marco Lambertini (@ConvenerNatureP) June 27, 2026 Un puente móvil no falla solo porque haga calor, sino porque las piezas que deben moverse dejan de tener el espacio exacto para hacerlo. El organismo neerlandés Rijkswaterstaat confirmó el 25 de junio de 2026 que estaba enfriando cinco estructuras del norte, un episodio que conecta con otras alertas sobre infraestructuras en Europa. Tal y como recoge OK Diario, la medida buscaba contener la dilatación de las piezas metálicas para evitar bloqueos y daños en el tablero. En este caso, la amenaza nace en tolerancias pequeñas: unos milímetros de expansión pueden bastar para que una compuerta, un apoyo o una junta deje de trabajar como debería.La lista oficial incluía la Driebondsbrug, Dorkwerd y Aduard, en Groningen, además de los pasos de Spannenburg y Schuilenburg, en Frisia. En la Driebondsbrug, el agua se aplicó por debajo con una embarcación de extinción porque el tráfico circula a mayor velocidad; en otras, se recurrió a instalaciones temporales o a un sistema ya integrado. La prioridad era enfriar el acero sin mojar la zona de rodadura ni añadir más riesgo a los conductores.Diseño con margenEspaña parte de otra realidad climática. En la red viaria española, el cálculo de juntas, apoyos y mezclas bituminosas se hace con rangos térmicos más severos, de modo que el calor no aparece como una anomalía técnica. La discusión suele aparecer en clave de inversión y mantenimiento de carreteras, aunque aquí el punto decisivo es previo: el proyecto ya contempla veranos duros. El margen se diseña desde origen en zonas donde las temperaturas altas no son una rareza de calendario.Eso no convierte a España en inmune a los daños. El firme se degrada, los betunes sufren, los tableros se mueven y las obras antiguas también exigen vigilancia. De hecho, Bruselas ya ha pedido modernizar carreteras, puentes y ferrocarriles de la UE por motivos estratégicos. Pero la diferencia está en el riesgo asumido: en el sur europeo, el calor extremo lleva más tiempo dentro de los manuales de obra civil.Refrigerar o reconstruirRegar un puente compra tiempo ante un atasco mecánico; la reparación de fondo llega por otra vía. En algunos puntos de Países Bajos se han llegado a rebajar márgenes metálicos para recuperar holgura en piezas bloqueadas, una solución más cercana al taller que al protocolo de verano. La misma lógica aparece en los debates sobre carreteras del futuro: la urgencia choca con el coste cuando una red pensada para un clima empieza a recibir otro.El episodio neerlandés deja otra lectura para las ciudades europeas. Adaptarse al calor no consiste solo en plantar sombra o abrir refugios climáticos, también exige revisar puentes móviles, vías férreas, juntas, asfaltos y sistemas de drenaje. En el norte del continente, donde durante décadas el problema dominante fue el frío, el calor cambia la lista de averías.La escena de los bomberos enfriando acero tiene algo de aviso práctico. Un puente no entiende de fronteras climáticas: se expande, se encaja o se bloquea según la temperatura para la que fue calculado. Y cuando el diseño se queda corto, la manguera solo gana unas horas; lo caro empieza al decidir qué se reconstruye antes del siguiente verano extremo.