Un fósil de pez de más de 300 millones de años conservó algo que casi nunca sobrevive: su cerebro. Y eso puede cambiar cómo estudiamos la evolución de los vertebrados

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Un equipo de la Universidad de Chicago analizó con microtomografía un fósil de Trawdenia planti, un pequeño pez de aletas radiadas hallado en Lancashire en el siglo XIX. El ejemplar conserva tejidos neurales de forma excepcional y permite estudiar cómo se organizaba el cerebro de algunos de los primeros linajes que dieron origen a la inmensa diversidad de peces actuales.