España creó el primer índice mundial para medir la sequía de viento —el fenómeno que arruina parques eólicos y envenena ciudades cuando el aire se detiene

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Un equipo del CSIC ha desarrollado el primer índice climatológico estandarizado del mundo para medir la falta de viento: el SWSI (Standardized Wind Speed Index), que permite comparar con precisión cuándo y cómo una región sufre un periodo prolongado de velocidad eólica anormalmente baja. Los resultados se publican en la revista Atmospheric Research (vol. 338, 2026, 108967) y son liderados por el investigador Miguel Andrés Martín del Climatoc-Lab del CIDE —centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, la Universitat de València y la Generalitat Valenciana.La sequía de viento no es solo un problema de los parques eólicos. Es un fenómeno con consecuencias documentadas en la calidad del aire de las ciudades, la erosión del suelo, la evaporación de cultivos y las islas de calor urbanas. Hasta ahora, sin un índice estandarizado, era imposible comparar objetivamente si el déficit de viento que vivía el Reino Unido en 2021 era más severo que el que sufrió Estados Unidos en 2015. El SWSI resuelve ese problema.Cómo se construye el índice y qué puede detectarEl equipo del CSIC elaboró el SWSI recopilando datos históricos de velocidad del viento de 2.264 estaciones meteorológicas en seis subregiones de América, Asia, Europa y Oceanía durante cincuenta años, entre 1973 y 2023. A partir de esa referencia histórica, el índice permite clasificar la anomalía de velocidad del viento en una escala estandarizada —similar a cómo el índice SPI clasifica las sequías de precipitación— que funciona independientemente de si la región en cuestión tiene vientos normalmente fuertes o débiles.La prueba de validez más convincente que los investigadores presentan son los dos eventos reales con mayor impacto económico conocido: la sequía de viento del oeste de Estados Unidos en 2015 y la del Reino Unido en 2021. En el caso estadounidense, el SWSI cayó a -2,15 en la región occidental, un valor que estadísticamente solo ocurre una vez cada 63 años. En el caso del Reino Unido, el déficit fue persistente durante todo el año, con una frecuencia estimada de una vez cada 70 años. Ambos episodios provocaron caídas en la producción de energía eólica de hasta el 20%.El índice opera a múltiples escalas temporales —desde semanas hasta décadas— lo que permite tanto el análisis retrospectivo como la monitorización en tiempo real. El Climatoc-Lab está desarrollando un visor propio para España que ofrecerá datos de velocidad del viento histórica y en tiempo real, con el objetivo de que administraciones y operadores puedan evaluar cambios en los patrones eólicos antes de que se conviertan en crisis.La generación solar y eólica ya superó por primera vez en la historia al carbón durante el primer semestre de 2025, según Ember — lo que hace que cualquier herramienta para anticipar periodos de baja producción eólica tenga un valor económico directo para el sistema eléctrico.Las consecuencias que van más allá de los aerogeneradoresEl ángulo que da dimensión al trabajo del CSIC no es solo la producción de energía: es la multiplicidad de sistemas que dependen del viento para funcionar. Cuando el viento se detiene durante periodos prolongados, los contaminantes en suspensión —partículas, NOx, ozono— se acumulan en las capas bajas de la atmósfera en lugar de dispersarse. Las ciudades concentradas en valles o con inversión térmica frecuente son las más vulnerables. La erosión del suelo también depende del viento: sin él, los mecanismos de regeneración de suelo en zonas áridas y semiáridas se alteran.El origen de las sequías de viento, según los investigadores del CSIC, está principalmente en los bloqueos atmosféricos: anticiclones persistentes que frenan el flujo de aire en regiones enteras durante semanas. El cambio climático altera la frecuencia y duración de esos bloqueos, lo que hace del SWSI no solo una herramienta de análisis histórico sino de seguimiento de tendencias futuras. El fenómeno del stilling —el debilitamiento global del viento de superficie a largo plazo, documentado desde la segunda mitad del siglo XX— es una de las señales que el nuevo índice permite cuantificar con mayor precisión.La presión de la demanda de IA sobre el sistema energético está convirtiendo la previsibilidad de la generación renovable en una variable estratégica de primer orden — el gobernador del Banco de Inglaterra advirtió en junio que la IA puede crecer más rápido que la capacidad de la red eléctrica para soportarla.Mi valoraciónLlevo siguiendo la investigación española en ciencias atmosféricas desde los primeros papers sobre estrés hídrico del CSIC, y el SWSI me parece uno de los trabajos más útiles que han publicado en los últimos años porque resuelve un problema metodológico real: la falta de comparabilidad entre eventos eólicos extremos. Que los dos eventos de validación —EE.UU. 2015 y Reino Unido 2021— tuvieran impactos económicos documentados y mensurables da al índice una credibilidad que va más allá del paper académico.Lo que más me preocupa es el desfase entre la publicación del índice y su adopción operativa. La industria eólica necesita herramientas de previsión a 6-18 meses, no análisis retrospectivos a escala de años. El visor en tiempo real que el Climatoc-Lab está desarrollando para España es el puente entre esas dos escalas, pero aún no está disponible públicamente.Todas las grandes tecnológicas están intentando controlar directamente sus fuentes de energía renovable porque la intermitencia de la eólica y la solar es su principal cuello de botella operativo — y un índice como el SWSI es exactamente la herramienta que falta para anticipar períodos de baja generación con suficiente antelación para compensar con otras fuentes.Mi predicción: en los próximos 24 meses, el SWSI o metodologías derivadas de él serán adoptadas por al menos dos grandes operadores de red europeos para planificar capacidad de respaldo. La pregunta real no es si el índice es útil —lo es— sino si llega a tiempo para que los responsables de planificación energética puedan actuar antes de las temporadas de bajo viento.Preguntas frecuentes¿Qué es exactamente una «sequía de viento» y qué la diferencia de una tormenta?Una sequía de viento es un periodo prolongado de velocidad del viento anormalmente baja respecto a lo esperable en una región determinada, con duración de días, semanas o meses. No es la ausencia total de viento, sino una anomalía estadística: el viento sopla, pero por debajo de lo que los modelos históricos predicen. Eso es diferente a una tormenta, que es un evento de corta duración y alta intensidad. El problema económico de la sequía eólica es precisamente su duración: un parque que produce al 20% de su capacidad durante seis semanas genera pérdidas que una tormenta de 48 horas no provoca.¿Por qué no existía antes un índice estandarizado para el viento?Los índices climatológicos estandarizados existen desde hace décadas para precipitación (SPI), temperatura (SPEI) o sequía de suelos, pero el viento era más difícil de estandarizar porque su variabilidad natural entre regiones es enorme: una velocidad de 5 km/h es normal en una zona costera mediterránea pero representa una anomalía en las islas escocesas. El SWSI resuelve ese problema calculando la anomalía relativa a la climatología histórica de cada punto de medición, no a un valor absoluto global.La noticia España creó el primer índice mundial para medir la sequía de viento —el fenómeno que arruina parques eólicos y envenena ciudades cuando el aire se detiene fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Natalia Polo.