Un archipiélago de diez islas volcánicas podría darnos la mejor historia de fútbol jamás escrita ni imaginada. Tan sólo pensar en reunirlos para entrenar —o a sus 500.000 habitantes para ver el partido en un mismo estadio— es toda una proeza. A Los tiburones azules, como llaman a la selección de fútbol de ese país africano, les corresponde una glosa digna del tamaño de su Mundial. En su debut en esta copa del mundo, el conjunto caboverdiano empató 0-0 con España, sacó un 2-2 ante Uruguay y cerró con 0-0 ante Arabia Saudí. Tres partidos, tres empates, defensa sólida y una imagen de equipo ordenado, difícil de romper y emocionalmente fuerte. No golean, pero completan. Primero a cero, luego a dos. Sería fascinante verlos avanzar de fase en fase con un ejercicio perfecto de igualdad. Equivalencia tras equivalencia, hasta que gane el más equilibrado. ¿Podría un equipo ganar el mundial de empate en empate? ¿O los obligaría el reglamento a cobrar eternamente un número sucesivo de penaltis hasta alcanzar un resultado no equivalente? En un mundial en el que falta Italia y caen Alemania o Países Bajos, el delirio es la apuesta más dura. De momento, el arranque es enorme: dieciseisavos contra Argentina el próximo 4 de julio. Más que un debut, esto ha sido una hazaña. La mayoría de sus futbolistas nacieron fuera del país. Muchos tienen raíces caboverdianas y nacieron en Portugal, Francia, Países Bajos o Irlanda. Son el concepto de la diáspora hecho realidad en equipación deportiva. Su constitución como grupo ha sido tan asombrosa como sus estadísticas. El defensa Roberto 'Pico' Lopes aceptó tras descubrir una invitación del seleccionador en los mensajes de LinkedIn, donde incluso había acabado en la carpeta de spam y lo que es aún mejor: su portero Vozinha se convirtió en un héroe auténtico : aquel del que nadie espera nada y lo acapara todo. Con 40 años y sin equipo tras finalizar su contrato, ha sido una de las grandes revelaciones del torneo gracias a sus actuaciones decisivas: dos goles encajados en tres partidos, dos porterías a cero y una actuación memorable ante España. Si es que a esta selección parece que la soñó el escritor viajero Gerald Durrel: una aventura absoluta oceánica.