La Imaginación, la transgresión y el glamúr llenaron el Círculo de Arte. Como no podía ser de otro modo. Había que dar una fe de vida para la regenerada sociedad que en su día, hace 102 años, fundara el gran cineasta Luis Buñuel. Y ampliar la nómina de su elenco de Damas y Caballeros. La poesía, la resistencia cívica, el valor de la palabra creadora frente a la brutalidad de los hechos impuestos… Todo eso no iba a quedar en palabrería de manifiesto más o menos lucido e inspirado. Había de traducirse en hechos, en gestos, en imágenes y sonidos. Y así ha sucedido, en la desacralizada San Vicente, sede del Círculo, donde fuera recuperado, un sintomático domingo de Resurrección, el testamento o documento transmisor de la Orden en su versión primera. No, no era un mero baile de disfraces, aunque bien pudiera parecerlo y, en cierto modo, también lo era. De riguroso blanco y negro, se trataba de recuperar y manifestar l'esprit de la Orden a través de la letra o letras que un siglo después permite. Fernando Barredo, LOC , presidente del Círculo de Arte y Condestable de la refundada Orden, jugando con el símbolo de la araña y su Red, red de iluminación y sincronicidad frente a las de apagamiento y sumisión que tratan de imponernos, dirigió con sabia batuta un evento que fue ceremonial, ágape, baile, concierto y performance. Multidisciplinar, ciertamente. El amor a Toledo y el fervor surrealista fueron distinguidos. Sin terruñismo pero con el reconocimiento de la vinculación, del arraigo y del imán. Y de la creatividad, el buen hacer y la trayectoria, desde luego. La ceremonia de admisión a la Orden, con su toque caballeresco y su genuflexión, quizá, en el futuro, debería ampliar el espacio otorgado a la palabra, sin caer en los discursos soporíferos de las academias al uso. Nos gustaría haber escuchado el desarrollo de conceptos interesantes que solo se esbozaron, ya que se imponía la brevedad. Como el de una artista que expresó: el arte no podrá cambiar por si solo el mundo pero sí las mentes de los artistas destinados a cambiarlo. Y así. También nos gustaría haber degustado en el variado menú ambulante, circulado por encantadoras damiselas sacadas de un charlestón de los años 20 del siglo XX, pinchos de tortilla de caballo (con magras) o canapés de paté de perdiz (icónicos platos documentados para las resacas de la Orden en la antigua Venta de Aires). Mas no pudo ser. El menú había de ser también en blanco y negro. Lo que, afortunadamente, no faltó fue el vino malvar de Yepes, el Oscurito, el néctar cuasi sagrado que libaban sin tasa Buñuel y sus amigos y amigas por las tascas del viejo Toledo. En un tiempo en que otras uvas parecen imponerse en el campo de los blancos, con mucha menos prosapia de arte, historia y literatura, el recio vino blanco dorado que encandiló al fundador de la Orden y a Carlos V en su retiro de Yuste sigue produciéndose gracias al celo y mimo de los hermanos Serrano, que perpetúan la secular tradición de la Bodega que lleva su apellido. Gran acierto de Fernando Barredo el proyectar en gigante a los antecesores de la Orden primera, ocupando el altísimo ábside, con un fondo de música de Satie, tan conectado a las vanguardias, tan vanguardia él propio. Y enseguida, un trepidante rock and roll que entremezcló a unas máscaras con otras en el jolgorio de un sonido que no llegaron a conocer en su juventud los miembros de la Orden pero que emanó de ese jazz que adoraban. Y como siempre, también en el haber del Condestable, su sabia conjugación intergeneracional, personas que escriben, que investigan, que promueven, que pintan, que componen, de diferentes edades, con un denominador común: creatividad y gracia. Tito Cañada, director del Festival de Cine Social, todo un referente del cine en Toledo y en la región. El literato Diego de Labouré. Antonio Illán, escritor y crítico teatral. Los músicos rockeros (KM 2) Fernando y Dámaso Cabezas. Cecilia Mijancos, poeta y rapera. La performer Elisa Dobos . El pintor José Alcón . Taína Trevic , escritora. Víktor Barbatovski , violinista y maestro de música. Sara Rojas, asistente artística. Mohamed Diouri, presidente del Salón de Arte y Economía Creativa para la cultura de Paz. El traumatólogo y pintor Jesús Romero . Laura Fuentes , diseñadora y pintora. Levo Karatas, profesor del Instituto Universitario de Danza Alicia Alonso, que protagonizó uno de los momentos estelares de la noche, con su escenificación de la araña humana. El emblemático diseñador Francis Montesin os, todo un icono de la renovación vanguardista de finales del siglo XX, junto con la directora de cine Reyes Caballero, añadieron glamúr y proyección a los nombramientos. Como Eugenia Sánchez, la escritora y promotora cultural alicantina. Javier Payo, promotor musical y cultural toledano, ha sido decisivo en la modernización de la escena cultural toledana, promoviendo desde juegos de rol a conciertos, discos y toda suerte de eventos novedosos en la ciudad, siempre atendiendo al barrio de Santa María de Benquerencia. A mí me ambientó y documentó de cara a mi novela Club Lovecraft (20027) y en ella, como en su secuela Vuelve Cthulhu (2025), aparece como personaje. Valle Hidalgo , la gran Valle Hidalgo: actriz, escritora, dramaturga toledana. En algún lugar la he calificado como gran dama renacentista contemporánea. Dio la palabra a la heroína femenina más decisiva y silenciada de la Historia, a Dulcinea del Toboso. E investiga y escribe sobre Isabella Andreini, pionera del teatro occidental en la Italia del XVI. Entre otros muchos proyectos en cine, libro y teatro. Merecida Dama de la Orden de Toledo. En palabras de Fernando Barredo, «se trata de juntarnos artistas y gestores culturales en una Orden alegre y libertaria». La idea es hacer cosas, materializar proyectos, desde el lúdico impulso que marcó la Orden y su deriva toledana, hacer avanzar la creatividad y la cultura de esta antigua y siempre moderna ciudad.