La abadía francesa, joya del románico, que ha abierto sus puertas tras 235 años

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Al oeste de Francia, en el Valle del Loira y en el corazón de Anjou, se encuentra Angers , un destino de gran belleza conocido como una de las ciudades más ecológicas del país gracias a su patrimonio paisajístico único. Esta cuenta con una densidad de espacios naturales dos veces superior a la media nacional y una inversión permanente en la creación de nuevos parques, así como en el mantenimiento de los ya existentes. Pero, además de por su naturaleza, este enclave es conocido por contar con una auténtica joya arquitectónica del románico temprano que, por desgracia, ha estado cerrada al público desde la Revolución Francesa. Sin embargo, este 2026, tras 235 años y un ambicioso plan de restauración ha vuelto a abrir sus puertas en el histórico barrio de la Doutre. La abadía de Ronceray, un espacio donde el arte del siglo XI convive con el legado pictórico vinculado a Blanca de Castilla, inicia una nueva etapa muy ambiciosa que incluye una atractiva programación cultural con festivales como Pianopolis o exposiciones de arte temporales. Además, por su volumen y acústica, la nave funciona como un auditorio natural. El nacimiento de esta abadía está relacionado con una leyenda que habla del hallazgo de una estatua de la Virgen enredada en arbustos de zarzas (ronce). Aun cuando se terminaron las obras, esas 'ronces' seguían allí y sus ramas se extendían regularmente a través de la abertura de la cripta para abrazar la milagrosa estatua que allí se exhibía. Si bien al principio el nombre de la construcción era Santa María de la Caridad, acabó cambiándose utilizando el nombre de esta planta. Esta fue fundada en 1028 por la condesa Hildegarda de Anjou –con el apoyo de su esposo y su hijo– y junto con las demás hermanas, que venían de la nobleza, convirtieron la iglesia en un referente del arte románico temprano. Las abadesas eran mujeres poderosas al frente de siete prioratos, tenían numerosos beneficios eclesiásticos y un vasto feudo urbano que abarcaba gran parte del distrito de Doutre. La condesa falleció en Tierra Santa y fue enterrada allí, pero su corazón fue trasladado hasta Angers para descansar en Ronceray, su gran obra. Tras la partida de las monjas en octubre de 1792, la mayoría de los objetos preciosos se dispersaron o fundieron y los archivos se quemaron parcialmente. Posteriormente, los edificios tuvieron diferentes funciones como hospital militar o cuartel de caballería, lo que llevaría a su deterioro y a que parte se acabara derrumbando. En 1988 fue comprada por la ciudad por una cantidad simbólica de un franco. El complejo, que tiene una superficie de 10.500 metros cuadrados , está formado por la iglesia abacial y un conjunto de edificios conventuales –claustro, residencia de las abadesas…– que se complementan con edificios diseñados para la creación de la Escuelas de Artes y Oficios en el siglo XIX. Los historiadores han intentado datar la iglesia de mediados del siglo XI y principios del XII, pero las observaciones de los arqueólogos sobre la mampostería sugieren que el edificio se levantó antes de 1050. Construida íntegramente con piedra de toba , combina muros de piedra labrada con contrafuertes de bloques de tamaño mediano. El ábside está adornado con ornamentación de piedra. El templo, con tres naves, transepto y tres ábsides, presenta una imponente estructura con 14 metros de altura y siete de ancho , así como una de las bóvedas románicas más grandes de su época. A mediados del siglo XVII, las naves laterales se dividieron en dos niveles mediante galerías. La fachada, que está realzada por grandes ventanales de arco de medio punto, muestra una variedad de bóvedas de piedra antiguas. A pesar de las modificaciones sufridas a lo largo de los siglos se puede apreciar todavía el diseño románico original. Uno de los elementos más destacados son sus pinturas murales de mediados del siglo XIII que fueron descubiertas entre 1959 y 1963. Estos trabajos de restauración sacaron a la luz escudos heráldicos de Blanca de Castilla y sus tres hijos menores, así como grandes figuras alegóricas. Se trata de un conjunto de pinturas muy ambicioso desde un punto de vista estético y litúrgico que presenta una fuerte dimensión simbólica y política que elevó a Ronceray al rango de abadía real, comparable a la de Fontevraud. Ahora, los ciudadanos de Angers pueden volver a disfrutar de uno de sus principales monumentos y recordar su historia, mientras que los turistas podrán asomarse a esta joya arquitectónica y disfrutar también de su programación cultural.