Recuperado en un naufragio frente a la isla griega de Anticitera, el mecanismo combinaba engranajes, diales e inscripciones para calcular ciclos astronómicos, eclipses y calendarios. Más de un siglo después, las tomografías 3D y los modelos matemáticos siguen intentando entender una máquina que parece adelantada más de mil años a su tiempo.