España estará en cuartos de final del Mundial por séptima vez en su historia después de volver a demostrar que cuando los encuentros se complican, surge esa competitividad que se ha convertido en una de las señas de identidad del grupo que maneja Luis de la Fuente. Anoche España se tuvo que poner el mono de trabajo para tumbar a una Portugal muy complicada de superar, que planteó un partido donde hubo que pelear metro a metro y donde las ocasiones se cotizaron a precio de oro. Lejos de la contundencia de encuentros como el de Arabia o Austria, España echó mano de esa virtud que le ha hecho única en este Mundial, esa solidez defensiva que le ha convertido en la única selección que todavía no ha encajado un gol. Un bloque que se construye de atrás adelante y que ha servido para crecer en un torneo donde se arrancó con muchas dudas y ahora se sueña con grandes cosas tras colocarse a dos partidos de la gran final. La Roja llegó a Dallas rebosante de confianza. El contundente triunfo ante Austria (3-0) hizo olvidar las dudas iniciales generadas ante Cabo Verde, pero ayer era otra cosa. El duelo ibérico entre dos selecciones que se conocen muy bien volvió a moverse en esos parámetros típicos de los duelos frente a Portugal. Desde la clasificación para el Mundial de 1950 en el que España goleó 5-1 al combinado luso, ningún partido oficial entre ambas selecciones se había vuelto a saldar con una diferencia de más de un gol en el marcador. Y en Dallas se mantuvo la tradición porque ambas selecciones apostaron por anularse mutuamente y aunque Luis de la Fuente calificó el duelo de «partidazo», más bien se vio un pulso donde cualquier error se pagaría caro. Lo pudo hacer Mikel Oyarzabal muy pronto, en el minuto 8, pero al delantero de la Real se le fue fuera un remate clarísimo y más allá de dos remates consecutivos de Lamine y Baena que salvó el guardameta luso, La Roja no volvió a encontrar el camino del gol. Tocaba por tanto picar piedra ante una Portugal que en este Mundial ha estado lejos de su mejor versión, con futbolistas de mucha calidad que han aparecido a cuentagotas, pero que a pesar de todo puede ser letal en caso de cometer errores. Pero anoche Cubarsí y Laporte volvieron a dar una lección defensiva para estar siempre atentos a los intentos de Portugal de salir en velocidad a la contra. Cristiano Ronaldo demostró que sus mejores tiempos ya pasaron, pero sigue siendo un delantero listísimo que penalizará el más mínimo fallo. Pero la pareja de centrales que forma por delante de Unai Simón volvió a mantener esa solidez y esa compenetración que ha llevado a España a sumar cinco encuentros sin encajar un gol. Simón ya suma 609 minutos sin recibir un tanto en una Copa del Mundo y España sigue los pasos de Italia en el Mundial'90, cuando alcanzó las semifinales con la portería inmaculada. En el balance general se puede decir que España buscó más la meta rival, pero sin encontrar el camino hacia el gol. Como coincidieron ambos seleccionadores, el duelo fue muy táctico, muy estudiado por parte de ambos, y eso condicionó el espectáculo en lo que a acciones de ataque y ocasiones se refiere. De la Fuente entendió aquello de que lo que funciona bien no se toca y repitió el once que superó por completo a Austria. Pero Portugal no saltó a la presión como lo hicieron los centroeuropeos porque sus jugadores no son los mismos. Roberto Martínez tiene un gran grupo y, pese a ser unos octavos de final, fue un choque de trenes entre dos selecciones que siempre se deben considerar candidatas a pelear por las cosas importantes allí donde compitan. Todo fue diferente y mucho más complicado de resolver para España. Portugal cerraba muy bien los espacios y presionaba con mucho criterio, por lo que el balón volvió a pasar mucho más tiempo por la zona entre centrales y Rodri, que bajaba a por el balón para buscar a compañeros que casi siempre estaban con uno o dos rivales encima. Fue el caso de Lamine Yamal, al que no le dejaron respirar en todo el encuentro. Nuno Mendes le hizo un marcaje de alta escuela, bien ayudado por un sorprendente Joao Felix en un gran partido en tareas defensivas, y por lo tanto España se quedó sin su mejor baza para desbordar a Portugal. Porque por el otro lado Baena tenía muchas más dificultades teniendo en cuenta la calidad del rival, Oyarzabal se desactivó tras su fallo y estuvo muy bien vigilado. Sólo Dani Olmo generaba buenas ideas cerca del área, pero estuvo demasiado solo en sus intentos de hacer daño a la contundente defensa lusa. Quizá el premio para España llegara a través de la cicatería de Roberto Martínez, que en lugar de dar rienda suelta al talento de los jugadores que alberga el once de Portugal insistió en provocar cortocircuitos en la creación de La Roja. Ese empeño más en defender y llegar a la prórroga que en mirar a la portería de Simón lo castigó La Roja, la selección que apostó por insistir y por creer que era posible ganar a través de los cambios que introdujo De la Fuente. El gol en el minuto 91 fue el triunfo de la fe y de ese carácter competitivo en el que se sigue apoyando España cuando las cosas no salen como espera. Cuando ese centro del campo formado por dos grandes como Rodri y Pedri no funciona, cuando Lamine Yamal no desborda por la derecha y cuando España apenas tiene extremos para abrir las defensas, siempre aparece el gen ganador, que anoche lo encarnó un Mikel Merino acostumbrado a marcar goles importantes. España, la imbatida del Mundial, ya está en cuartos.