Pasado el susto de Cabo Verde, donde hasta Scaloni vio a Argentina fuera del Mundial, el campeón del mundo se mide este martes en Atlanta a Egipto, que en su cuarta participación está haciendo historia. Por primera vez se clasificó para los cruces y por primera vez disputará unos octavos de final: «Conozco bien el fútbol egipcio y a su seleccionador y van a salir al campo sin sentirse inferiores a Argentina y convencidos de que los pueden eliminar», explica a ABC José Riveiro, entrenador del Al Ahly la pasada temporada. El Al Ahly es el equipo con más títulos de África y el que más jugadores aporta al equipo nacional de Egipto, hasta nueve. Ahí también jugó durante 13 años el seleccionador Hossam Hassan, tercer máximo goleador de la historia de Al Ahly (142 tantos) y máximo artillero de Egipto, 69 dianas en 177 partidos. Una leyenda del fútbol de su país que dirige la selección desde hace solo dos años, cuando en 2024 Egipto fracasó en la Copa de África siendo eliminada en octavos. Lo hace con la ayuda de su hermano gemelo Ibrahim, exfutbolista como él, actual director deportivo de Egipto y tipo controvertido, como lo es el propio seleccionador. Su última polémica fue hace solo cinco días, en Dallas, en la previa del partido ante Australia de dieciseisavos. Ibrahim se enfrentó a un par de policías de Dallas que, dentro del hotel de concentración de Egipto, pidieron la identificación a varios jugadores de la selección que se tomaban fotografías con compatriotas, la mayoría niños. Los internacionales no llevaban en ese momento la acreditación colgada al cuello y de ahí el revuelo que se montó, agrandado por la vehemente respuesta de Ibrahim. No ha sido el único lío de los hermanos Hassan en este Mundial. Después de eliminar a Australia en la tanda de penaltis, Hossam celebró la histórica clasificación con una bandera de Palestina: «Mi corazón y mi alma están con ellos. Dedico esta victoria a los pueblos bondadosos y nobles de Egipto y de Palestina», dijo. Un homenaje que ha estado a punto de costarle una sanción de la FIFA. El máximo organismo internacional investigó los hechos y decidió no aplicarle un partido de castigo por no incumplir ninguna falta: «La Asociación Palestina de Fútbol es uno de los 211 miembros plenos de la FIFA desde 1998», aseguró el organismo dirigido por Infantino. Esta empatía de Hossam con Palestina choca de bruces con sus ideales políticos, marcados claramente por una tendencia militar que le llevó a ser un fiel seguidor del régimen de Hosni Mubarak. De hecho, en 2011, durante la revolución de su país que acabó con la caída del dictador, tanto él como su hermano encabezaron manifestaciones en defensa de Mubarak y de su modo de gobernar Egipto: «Los revolucionarios son unos traidores», dijo entonces, ganándose la repulsa de algunos de los miles de seguidores que había sumado durante su etapa de futbolista. Le dio igual. Incluso el régimen utilizó su imagen a nivel televisivo para amenazar a los revolucionarios de que abandonaran las protestas y dejaran las calles y así evitar duras consecuencias. Una lealtad que también ha mostrado con el actual dirigente Al-Sisi, al que Trump denominó su dictador favorito: «El éxito comienza en la cima de la pirámide. Él ha cargado con un gran peso que nadie más podría soportar», comentó Hossam años atrás Durante la década de los ochenta y los noventa, Hossam fue denominado el futbolista de la calle y se convirtió en un ídolo de la juventud de su país por su modo de jugar y su patriotismo: «El fútbol y Egipto lo es todo en mi vida. Jugaría por mi país incluso si hubiera balas cruzando el estadio de un lado a otro del campo». «Le conozco bien y sé que es un hombre muy cercano, muy enérgico y tremendamente apasionado por su trabajo y por su país. Creo que es el perfil ideal para dirigir una selección porque transmite muchísima energía y consigue que sus jugadores compitan entendiendo lo que representa vestir esa camiseta. Hasta ahora está haciendo un trabajo magnífico», nos cuenta Riveiro, que prefiere hablar solo del perfil deportivo de Hossam. Ahí poco se le puede decir al seleccionador de Egipto. En apenas dos años ha logrado lo que nunca antes se había conseguido, con Salah como líder del equipo y Marmoush como escolta de lujo. Pero no es el único. Ahí está también Emam Ashour, el faraón rebelde de la selección. Estuvo encarcelado durante seis meses, en 2024, por pegar a un vigilante de seguridad que, según la versión del jugador, no defendió a su mujer del acoso de unos aficionados. Además, ha tenido algunas peleas durante su carrera, como la que mantuvo con el capitán del Al-Ahly, Mohamed El-Shenawy, que le costó un millón de euros de multa. También la lio en su corto paso por el Midtjylland de Dinamarca. Pagaron tres millones de euros por él y a los pocos meses viajó a su país con un permiso médico para no volver nunca más, alegando inadaptación al frío y al idioma. Una joya, como los es Hossam Hassan, leyenda del fútbol egipcio, propalestino y defensor del dictador Mubarak.