Venera 13 aterrizó en Venus en 1982 y resistió 127 minutos bajo temperaturas cercanas a los 460 ºC y una presión casi 90 veces superior a la terrestre. En ese margen mínimo, la sonda soviética envió panoramas en color, perforó el suelo y analizó una muestra de roca en uno de los ambientes más extremos jamás explorados.