Crítica de 'Haciendo amigos' (**): Dos ladrones en tierra de campeones

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Tanto el título como la intención de esta película no dejan espacio a la duda, es una comedia para pasar un buen rato, muy cromática de personajes, situaciones y vestuario y que asume, además, el deber de acercarnos de un modo simpático a romper con las etiquetas y estigmas que rodean al mundo de la discapacidad. El guion de Marta González de Vega (también actriz en la película) y las puesta en escena de David Marqués colaboran con más eficacia que pretensión a que 'Haciendo amigos' cumpla la acción en progreso de su gerundio. El argumento tiene el alma cándida y presenta, tras un chapucero robo, a dos ladrones de poca monta que se refugian entre un grupo de personas con discapacidad que van a un campamento de verano. Quim Gutiérrez y Antonio Resines tienen que dar el máximo de sí mismos, entrar a saco en sus desastrosos personajes, para que no se los coman con patatas ese imparable grupo que podría recordar, con su distancia, al del equipo de baloncesto de 'Campeones'. Todo son equívocos, engaños, disimulos, malas intenciones y algunos sentimientos auténticos y respetables, que acapara en su mayoría la fascinante monitora que interpreta Megan Montaner, cuya presencia ahí ya apunta a que la trama viajará rumbo al corazón. Se aprecia en el tono y el derroche de energías positivas que el rodaje tuvo que ser una fiesta complicada, pero también divertida, y con Quim Gutiérrez vestido como en una pesadilla de Agatha Ruiz de la Prada. Es una película de fácil digestión, que se disfruta mientras se está en ella y a pesar de que no rehúye lugares comunes ni caminos previstos, pero busca también sus momentos de impacto emocional, como cuando el personaje de Megan Montaner recibe y presenta a sus padres en el espectáculo del grupo, o las peripecias del auténtico Ángel en su particular 'Resacón en Las Vegas'… Una comedia tan ligera, gamberra y desencajada como, en el fondo, provechosa.