Entre febrero y mayo pasado, las cancillerías de los países del Golfo Pérsico telefoneaban insistentemente a los países amigos europeos. Pedían ayuda. "Buscaban baterías Patriot desesperadamente", relata una fuente conocedora en Madrid de aquel tráfico de llamadas. Los misiles balísticos iranís sobrevolaban sus espacios aéreos en busca de bases norteamericanas, y a menudo temieron en Kuwait, Bahréin, Qatar o los Emiratos Árabes Unidos que drones o cohetes enviados por Teherán golpeasen a su más preciada infraestructura civil: las desalinizadoras.Seguir leyendo....