Se juntaban en la final de Wimbledon dos nombres inéditos Linda Noskova , 12 del mundo y 21 años, y Karolina Muchova , 9 y 29 años; de estilos distintos pero con números parecidos. Dos checas de tenis frío, potente, dominador. Dos fuerzas convergentes que se desequilibran de forma definitiva a favor de la joven Noskova, que protagoniza un sábado de poderío y fantasmas, de superioridad y demonios, de dominar con 6-2 y 5-2 y saque y entrar en un limbo de nervios que supera con paciencia y con un ejercicio de reconstrucción y madurez extraordinario tras dos horas y media (6-2, 5-7 y 6-3) para estrenar vitrina de Grand Slams con su primer Wimbledon. Son 39 saques directos los que acumulaba Muchova, 29 años, hasta esta gran final, la segunda que juega después de caer en la de Roland Garros 2023 (Iga Swiatek) y después de haber levantado un encuentro del que Coco Gauff todavía tendrá pesadillas. La estadounidense golpeó a la red una volea aparentemente sencilla y ahí se quedó clavada la número 7 del mundo, atrapada en ese error, pues no fue capaz de serenarse y completar los tres puntos que quedaban. Ahí estaba Muchova, aprovechando la frustración, para imponerse finalmente a la estadounidense a pesar de un dolor abdominal con el que terminó el choque (2-6, 6-1 y 7-6 (10)). Pero para esta final entra algo lenta, todavía pesándole en las piernas esas dos horas y media de semifinal. Y aprovecha Noskova para imponer un mayor ritmo, el suyo, con buena movilidad y ese punto de agresividad con el que ha crecido en estas dos semanas: Seidel (6-4 y 6-3), Osorio (6-3, 4-6 y 6-2), Cirstea (2-6, 6-3 y 7-6 (9)), Keys (6-4 y 7-6 (2), Mertens (6-3 y 7-5) y Kostyuk (6-4 y 6-4). Encuentra el punto de mando la joven de 21 años, que suma 11 triunfos en hierba esta temporada, con el título de Berlín en su vitrina, para afianzarse al inicio de la final, a pesar de su inexperiencia. Con una gestión impecable de los nervios y la tensión, se muestra firme con su servicio, domina con su derecha desde el fondo a su rival y pone distancia con un 'break' (4-1) que muestra su intención de hacerse enorme en la Catedral. Muchova, más directa en el juego, no consigue desequilibrar su ímpetu. También ha llegado con once triunfos en la hierba, y el trofeo de Hamburgo, pero le cuesta este último partido en Wimbledon, demasiada presión, demasiado atenazada. Sobrevive a medias con su servicio, y hasta tiene el orgullo para levantar tres bolas de set a la media hora de partido. Y una cuarta. Pero hay poco que hacer ante esta Noskova de dulce arrolladora y valiente que se juega todo y todo le entra. A la quinta, con un globazo a la línea, Muchova cede. Qué hacer, se pregunta. Es poco el hueco que le deja Noskova, ágil, concentrada, sin ningún tipo de presión, como si jugara en aquel Roland garros júnior que ganó en 2021. Muchova no quiere ser comparsa en esta fiesta. Finalista de Roland Garros 2023, acepta la desigualdad inicial y busca en sí misma la solución. Aprieta la raqueta e intenta deslizar su potencia en las pocas grietas que ofrece Noskova. Por ahí se permite defender sus dos primeros turnos de saque y no desesperarse ante la buena mano de la rival. Noskova no cede. Juega por ella, por su madre, fallecida de cáncer en 2024, y por esa familia que la arropó desde el inicio cuando decidió el tenis por encima de todo, y que apenas se inmuta tampoco en el banquillo. Ejecuta derechas que doblan la velocidad de la pelota y globos y dejadas a dos manos que aplaude la grada con ganas. Y que le permiten conseguir el 'break' en el sexto juego con el que parece inclinar la final a su favor (4-2). «Sigue, sigue», le gritan desde su banquillo a Muchova, que esconde la cabeza en ese intercambio porque sigue sin encontrar soluciones y ya parece acercarse el final. Lo intenta, no obstante, pero el servicio que la había impulsado en estas dos semanas sigue sin aparecer y Noskova está en todas partes, sin temblor a pesar de verse tan cerca de su primer Grand Slam, y en Wimbledon. Al contrario, mete presión desde el resto, que no quiere esperar más. Muchova levanta una primera bola de partido, y también una segunda, y hasta una tercera. Y deja que sea su rival quien cierre, si puede, esta final. Pero ahí, en un juego de más de 10 minutos, muestra el tenis toda la dificultad que encierra este deporte. A Noskova se le nota ahora esta primera gran lucha por un Grand Slam. Sufre, tiembla, titubea, doble falta, una bola de 'break' en contra, y otra, y otra, y otra, y cuatro saques directos, y otra doble falta. Qué difícil es cerrar un partido, y más una final, y la primera. Más de diez minutos de pelea contra sí misma. Contra una Muchova que intenta apretar todavía más los nervios de la rival, que sí ha pasado por allí antes. Y fuerza por fin la rotura, y se tapa los oídos Noskova, que quiere olvidar los últimos 10 minutos, y ese 5-2 y saque a favor. Que ahora es un 5-4 contra una Muchova que ha encontrado una grieta y trata de aprovecharla. Incluso para levantar una quinta bola de partido y poner el 5-5. Incluso para encontrar por fin las soluciones y soltarse a lo grande porque estaba todo perdido y ahora empieza a jugar y es otra final. Que del 2-5 es un 6-5 y un 'break' para el 7-5 con el que iguala la contienda casi casi por sorpresa, en 71 minutos. En el banquillo, se cambian las tornas: la toalla envuelve ahora la cabeza de Noskova, mientras Muchova mantiene la cabeza alta, la mirada fija en el objetivo. Tiene una segunda oportunidad, y qué oportunidad. Sigue el sufrimiento para Noskova, pero corta la racha negativa con el primer juego del tercer set. Por fin un respiro después de cinco consecutivos en contra. Y del alivio, el estirón, pues vuelve a lo que había hecho bien al inicio del partido y consigue imponer de nuevo su ritmo, su estilo, y un 3-0 lleno de puntos preciosos que devuelven la adrenalina al encuentro. La tendencia regresa a la primera hora de encuentro, aunque se hayan cumplido las dos y media cuando Noskova se enfrenta de nuevo a un 5-2 a favor. Ha tenido 30 minutos para digerir lo que pasó y de limpiarse de todos sus demonios. Hay más calma en su mano, y también en la de Muchova, que ha levantado un 2-5 y se ve de nuevo en inferioridad. Aunque ya ha pasado por ahí y fuerza el 5-3 y, de nuevo, cede la presión a su rival. En este nuevo 5-3, Noskova es otra. Más centrada, más paciente, algo más fría. Más peloteos, menos riesgos, más botes antes de sacar, más autoritaria, más crecida. Más campeona. Porque esta vez no hay demonios que la debiliten, que hay un saque directo para sumar su sexta pelota de primer Grand Slam y no lo deja escapar. Un saque a la T la lleva al olimpo, al dejarse caer en la hierba y esconder de nuevo la cara entre las manos pero esta vez la emoción es de liberación, de alegría, de por fin campeona de Grand Slam, de campeona de Wimbledon. Con 21 años, contra los nervios, la presión, la inexperiencia y sus demonios.