La sostenibilidad es la palabra de moda en el mundo empresarial porque ha dejado de ser una opción ética para convertirse en una estrategia de supervivencia y rentabilidad. Ya no se trata solo de filantropía, sino de viabilidad económica a largo plazo.Allá a finales de los años 80, unos pocos 'locos' y visionarios, entre los que se encontraba José Antonio Luque (fundador de LUQUE ECOLÓGICO), comenzamos a tomar conciencia de que no era posible mantener en el tiempo la forma de producir que teníamos. Ya el Informe Brundtland de 1987, redactado por la ONU, nos introducía el término 'desarrollo sostenible', en el que se hacía hincapié en la necesidad de dejar a las generaciones venideras un ecosistema, una biodiversidad y un medio ambiente en mejores condiciones de las que lo habíamos recibido nosotros. Una dimensión que es vital si queremos tratar la sostenibilidad como se debe, pues debemos comenzar a hablar de nuestros nietos y no de nuestros hijos...Y así, casi simultáneamente, en Madrid se empezaban a fijar las bases de lo que posteriormente sería la agricultura ecológica certificada al crearse el C.R.A.E. (Comité Regulador de la Agricultura Ecológica), y en Andalucía comenzaba su andadura el Seminario Permanente de la Agricultura Ecológica, germen del posterior C.A.A.E.No manejábamos muchos conceptos que hoy día se tienen sobre la mesa, como economía circular o regeneración, pero sí teníamos claro que, empezando por no aplicar productos químicos de síntesis a nuestros cultivos, debíamos poner en el mercado productos saludables y de alta calidad, así como mantener vivos nuestros suelos, valorizar todos los subproductos, ser menos contaminantes, ahorrar agua y, sobre todo, subsistir económicamente. Todo ello, por supuesto, permaneciendo ligados a la tierra y a nuestro territorio.Y, en definitiva, eso es la sostenibilidad: entendida en todas sus vertientes (medioambiental, social y económica).Lo cierto es que no solo los productores ecológicos pueden colaborar en este sentido, sino que todos los intervinientes en la economía de una determinada zona pueden y deben actuar. Cualquier pequeño gesto es muy importante y no hay que despreciarlo.Las grandes empresas y corporaciones ya se han dado cuenta de esta circunstancia y se han puesto manos a la obra por diversos motivos:Exigencias de los inversores (criterios ESG): los fondos priorizan empresas con buenas prácticas ambientales, sociales y de gobernanza. Esto supone un menor riesgo (las empresas sostenibles son menos propensas a multas, escándalos o crisis de suministro) y un mejor acceso al capital (los bancos ofrecen mejores tasas de interés a proyectos verdes).Presión regulatoria: leyes estrictas donde los gobiernos imponen normativas severas contra la contaminación y la huella de carbono; sanciones económicas, ya que incumplir las normas climáticas genera multas multimillonarias; y subvenciones públicas, mediante las cuales las administraciones premian y financian la transición ecológica.Nuevas demandas del consumidor: clientes conscientes (el público actual, especialmente los jóvenes, prefiere marcas transparentes y ecológicas), boicot comercial (los consumidores castigan activamente a las empresas que dañan el medio ambiente) y lealtad de marca (el compromiso social genera una conexión emocional más fuerte con el cliente).Eficiencia operativa: ahorro de recursos al reducir el consumo de agua, energía y materias primas, lo que baja los costes; economía circular, donde reutilizar residuos elimina gastos de gestión de basura y crea nuevos productos; y atracción de talento, ya que los profesionales más cualificados buscan trabajar en empresas con propósito.Todo ello está comenzando a quedar reflejado en sus Informes de Sostenibilidad (obligatorios para ellas, por otra parte), lo cual está requiriendo que exijan a sus proveedores la responsabilidad de realizar acciones y aportarles datos para poder cumplir con ello. Esto puede ser el germen de una preocupación que hasta ahora algunas empresas no tenían sobre la mesa...Por su parte, las acciones de las pymes, que no tienen grandes departamentos de sostenibilidad, lo que van buscando normalmente en este caso es el ahorro inmediato de costes y cumplir con las exigencias de las grandes empresas con las que trabajan.Lo que sí deberían tener en cuenta todas ellas es que se tendría que analizar el ciclo de vida completo para poder actuar en las fases más contaminantes (un menor consumo energético o proveniente de fuentes renovables en un mayor porcentaje, menos consumo de agua, mayor reutilización de subproductos, menor producción de residuos...) y, de esta forma, que el proceso sea verdaderamente cada vez más respetuoso. Es decir, no practicar greenwashing.En definitiva, no hay otra opción que trabajar de manera sostenible para que las generaciones futuras puedan disfrutar de este planeta y de sus recursos. Y lo que viene para el futuro es la bioeconomía circular...