Donde el mapa antártico suele ser blanco y azul, los satélites europeos encontraron una mancha verde imposible de ignorar. La clave no estaba en el hielo, sino en la vida invisible bajo el océano

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El programa Copernicus registró una floración de fitoplancton en el mar de la Cooperación, una región remota del océano Austral. Estos organismos microscópicos aprovechan el regreso de la luz solar y los nutrientes liberados por el deshielo para multiplicarse hasta cambiar el color del agua.