Pregunta. Con más de una década de vida del Tío Pepe Festival, echa la vista atrás y ¿de qué está más orgullosa?Respuesta. De un camino que empezó casi como una prueba: en 2013 abrimos la bodega para un único día con un único concierto, y del entusiasmo del público fuimos creciendo año a año hasta llegar a las varias semanas de programación que tenemos hoy, con conciertos, cenas estrella, talleres y hasta tres restaurantes funcionando en la bodega durante julio y agosto. Estoy orgullosa de haber pasado de una afluencia de visitantes y espectadores de 15.000 en las primeras ediciones a más de 70.000, y de haberlo hecho sin perder nunca la esencia jerezana. Ese crecimiento se ha visto reconocido además con premios como el World's Best Vineyards, el Best Wine Event de Drinks International, el galardón al Mejor Evento Enológico del Mundo o el Premio a la Promoción Turística de la Diputación de Cádiz, que para mí son la prueba de que vamos por el buen camino sin renunciar a lo que nos hace únicos. Y, sobre todo, estoy orgullosa del equipo de Tío Pepe Festival. Nada de esto sería posible sin las personas que, edición tras edición, trabajan por hacerlo cada vez mejor: un equipo que no se acomoda en lo ya aprendido, que persigue la excelencia en cada detalle y que no deja de innovar. Al final, nuestro verdadero objetivo no son las cifras, sino que todo el que entre en la bodega se lleve un recuerdo imborrable, duradero y feliz.P. ¿Imaginaba que alcanzaría esta dimensión cuando se diseñó en sus inicios?R. Sinceramente, no. Empezamos abriendo el espacio de las Bodegas Tío Pepe con visitas especiales en verano, y nos dimos cuenta de que quien venía a veranear acababa repitiendo. Ese primer año fue un solo día, un solo concierto. Cuando el modelo de visitas con conciertos de música clásica se agotó, nos atrevimos con un festival que integrara música de varios estilos, enogastronomía, cultura y bodega. De ahí a convertirnos en uno de los grandes rituales culturales del verano español, con un cartel que cruza generaciones y estilos, hay una distancia que en su momento no imaginábamos. El crecimiento ha sido exponencial, y en ese sentido ha superado cualquier previsión inicial."No es solo un festival de música y enogastronomía: es la manera de transmitir nuestra propia esencia"P. ¿Cuál es el secreto del éxito del Tío Pepe Festival?R. Transformar una bodega en un escenario donde conviven la música, la alta cocina y los vinos de Jerez de mayor prestigio mundial. No es solo un festival de música y enogastronomía: es la manera de transmitir nuestra propia esencia, con la pasión y la autenticidad que nos hacen únicos. Este año lo resumimos, en una palabra, el Poderío: esa forma auténtica de celebrar la cultura, el encuentro y la fuerza de lo verdadero que tan bien representa Jerez. Cuando ese espíritu impregna cada noche, desde el cartel hasta los talleres o la propuesta gastronómica, el festival deja de ser una simple sucesión de conciertos y se convierte en una experiencia completa.P. ¿Hay algún momento o decisión que siente que marcara un punto de inflexión?R. La decisión que marcó un punto de inflexión fue integrar la alta gastronomía como oferta principal dentro del festival, y no como un simple acompañamiento. Es una apuesta compleja y difícil, pero creo que merece la pena, porque igual que traemos a los mejores artistas musicales a este cartel, también deben estar los mejores chefs para maridar con nuestras joyas enológicas. Para mí es, sobre todo, un principio de coherencia en la programación: si exigimos excelencia en la música y en el vino, tenemos que exigirnos lo mismo en la gastronomía.Vergara es la directora del Tío Pepe Festival.- P. Ha definido el festival como "mucho más que música y enogastronomía", casi como una forma de transmitir la esencia jerezana de generación en generación. ¿Cómo se traduce esa idea en decisiones concretas de programación?R. Se traduce en dar espacio a un legado que se sigue transmitiendo de generación en generación, de maestro a aprendiz: por eso el flamenco tiene su propio ciclo, Solera y Compás, con figuras como María Terremoto, Yerai Cortés, Israel Fernández o José Mercé. Y se traduce también en la gastronomía: este año, coincidiendo con la designación de Jerez como Capital Española de la Gastronomía, la cocina deja de ser un complemento y se convierte en lenguaje cultural, con propuestas de nombres como Javier Muñoz, nuestro chef embajador, Israel Ramos o Juan Ruiz. Todo, desde el vino hasta el último detalle gastronómico, tiene que hablar del mismo sitio: Jerez.P. El festival ha ido incorporando lírica, flamenco, danza y comedia… ¿Cómo se decide qué disciplinas entran y cuáles se quedan fuera cada temporada?R. Buscamos siempre un cartel plural y abierto, que dialogue con lo nuestro sin perder nunca el flamenco como eje y raíz. Cada disciplina tiene que aportar algo distinto a la experiencia global y conectar con distintas generaciones de público sin perder autenticidad. La comedia, por ejemplo, con el ciclo Tío Pepe Comedy, nació durante la pandemia para combatir la incertidumbre de aquel momento, y se ha mantenido por la excelente acogida del público. Esa es la primera criba: que la disciplina sume a la identidad del festival, no que sea una moda pasajera."Cada artista, en cada show, aporta un momento diferente, emociones distintas, y siempre surge la magia"P. ¿Hay alguna disciplina artística que estén pensando en incorporar?R. Más que una nueva disciplina como tal, este año hemos apostado por un nuevo formato: los talleres culturales antes y después de cada concierto, de la mano de La Peña La Bulería, donde el público aprende palmas, cajón flamenco, bulerías o el arte de la venencia.P. ¿Hay algún artista soñado que falte por traer al Tío Pepe Festival?R. Faltan muchísimos, y tienen que volver muchísimos también. Cada artista, en cada show, aporta un momento diferente, emociones distintas, y siempre surge la magia. Todavía hay un largo camino por recorrer en ese sentido, para seguir ofreciendo una programación única e increíble.P. ¿Cómo diría que ha cambiado el perfil del público desde la primera edición hasta ahora?R. El público es cada vez más ecléctico. Ya no solo atraemos a visitantes nacionales, sino también a un número creciente de turistas extranjeros que se sienten atraídos por el entorno único de las bodegas. Y este año, con los talleres experienciales, estamos viendo también un cambio de actitud: el visitante ya no viene solo a ver un concierto, viene a participar, a sentir origen, historia y cultura. Ese paso de espectador a protagonista es, quizá, el cambio más importante que hemos notado.P. Si tuviera que explicarle a alguien que nunca ha venido, en una frase, qué hace único el Tío Pepe Festival, ¿qué le diría?R. Que es la representación de nuestra propia esencia jerezana y andaluza, vivida entre botas centenarias, donde la música, el flamenco, la gastronomía y el vino se funden en una sola experiencia irrepetible: es un estilo de vida y eso es el Poderío."El mayor reto seguir creciendo sin perder la esencia que nos diferencia y nos hace únicos"P. ¿Cuál ha sido la decisión más arriesgada que ha tomado como directora del festival y cómo salió?R. La situación más arriesgada y difícil fue cuando tuvimos que cambiar el venue original, del Patio de la Tonelería a la Bodega Las Copas, en 2021. Con las limitaciones de aforo por el covid y la necesidad de distancia de seguridad, teníamos que encontrar un espacio más amplio que permitiera más capacidad. Después de recorrer todas las ubicaciones posibles, y para no perder la identidad de un festival dentro de una bodega, decidimos irnos a Las Copas.Al principio ese cambio no se entendió bien, quizás por un tema de expectativas y de comparación con el espacio anterior. Pero luego se ha demostrado que es un entorno muy bonito, agradable y cómodo, más cercano para ver al artista, con fácil aparcamiento y accesos, y que funciona incluso mejor. Además, pusimos en valor una bodega queera desconocida, un edificio arquitectónicamente increíble y reconocido en el inventario del Patrimonio Histórico Andaluz.P. ¿Cómo se vive, desde dentro, la presión de que un festival "boutique" siga creciendo sin perder su esencia?R. Es, probablemente, el reto principal de cada edición: seguir creciendo sin perder la esencia que nos diferencia y nos hace únicos. Somos un festival experiencial que se adapta a una bodega, un conjunto monumental vivo, con aforo reducido y cercanía con los artistas, y esa cercanía no es negociable por mucho que crezcamos. Al final, la vara de medir no es solo cuánto crecemos, sino si somos capaces de generar emoción y un recuerdo imborrable, y que el público quiera volver cada año. Si lo conseguimos, sabemos que vamos por el buen camino.P. ¿Cómo se imagina el Tío Pepe Festival dentro de diez años?R. Lo imagino creciendo en varias direcciones a la vez, porque para nosotros no son caminos separados sino parte de la misma identidad: más musical, en diversidad y calidad de cartel; más gastronómico, consolidando Jerez como referencia culinaria y enológica; y más experiencial, capaz de mostrar el alma de Jerez. Me gustaría también que para entonces hubiéramos dado el paso de llevar parte de esa energía a la ciudad, algo que ya llevamos tiempo explorando, y que hayamos seguido reforzando el papel del festival como motor económico y turístico de Jerez y la provincia de Cádiz, que hoy ya supera los 18 millones de euros de impacto. Pero, sobre todo, me lo imagino siendo fiel a lo que es hoy: un lugar de encuentro donde la tradición dialoga con la contemporaneidad y Jerez se muestra al mundo tal y como es.