Una inteligencia artificial recibió un mundo vacío y terminó inventando criaturas capaces de ver sin que nadie le explicara qué era un ojo. El experimento muestra cómo la evolución puede encontrar por sí sola soluciones sorprendentemente parecidas a las d

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Investigadores dejaron evolucionar organismos virtuales sin enseñarles cómo debían percibir su entorno. Tras sucesivas generaciones, las criaturas desarrollaron estructuras visuales similares a ojos reales, demostrando que la selección artificial puede recorrer caminos muy parecidos a los de la naturaleza.